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Jesus Valencia Educador social

¿Quién dice que estamos solos?

 

Rubalcaba y sus lanceros mediáticos no descansan. Derrochan millones de palabras y euros mercenarios para propagar la especie de que Euskal Herria se ha quedado «triste y sola». Pobricos. La creatividad y militancia de nuestras amistades internacionalistas carcomen este infundio.

Acaba de celebrarse una nueva Semana a favor de Euskal Herria; candela solidaria que se aviva con el paso del tiempo. La congelada Europa y la achicharrada América se han puesto de acuerdo para alzar su voz en defensa de nuestra causa. Si el año pasado fueron internacionalistas de 13 países quienes promovieron 50 iniciativas, este año han sido 18 los países implicados y más de 80 las acciones realizadas. Voces muy dispares han aireado ante sus respectivas cuidadanías la represión y las torturas que sufrimos; han defendido a nuestras presas y refugiados; han reafirmado el derecho que nos asiste a ser pueblo libre y soberano. Madrugaron los amigos irlandeses e introdujeron nuestra causa en su marcha del 30 de enero, recordatorio del Domingo Sangriento; no faltó la defensa de Arturo y de Iñaki, refugiados vascos a quienes las fauces del monstruo español pretenden engullir. Gotzone Lopez de Luzuriaga estuvo ante la embajada española en Dinamarca, Jon Anza hizo lo propio en Suiza, y la banderola repatriadora en Eslovenia. En París, lo mismo que en México, optaron por cenas internacionalistas; dos encuentros con muchas millas de por medio y una misma sintonía. Numerosos actos se convirtieron en espacio compartido con militantes de otros frentes; que la lucha por el socialismo es común y la causa internacionalista aviva fraternidades. ¿Cómo resumir en tan breve espacio tantas muestras de apoyo? Noches de coloquios, cine testimonial y música vasca esparcidos por toda Europa. Grupos ya curtidos y otros que se estrenaron con fervor de neófitos. Un aplauso a la masiva solidaridad italiana que movilizó a miles de personas; a la tenaz y difícil de Castilla, Aragón, Madrid o Catalunya; a la antigua y necesaria de Lisboa. Todas útiles y muchas de ellas acosadas.

En el Hotel Bauen de Buenos Aires -territorio liberado- se reunió lo más granado de la Argentina popular y peleona. Pesos pesados de aquellas luchas avivaron un coloquio sustancial. Declararon a Garzón «arquitecto del terrorismo de Estado» y a España «prototipo de un Estado opresor». Uruguay volvió a dar la talla; a pesar del sosiego estival, puso en marcha un Manifiesto que concita adhesiones. En Caracas irrumpió con fuerza el Colectivo Internacionalista Pakito Arriarán. Arropado por la Coordinadora y el Movimiento Continental Bolivarianos, trasladó su solidaridad hasta el mismo corazón de Venezuela. La esquina caliente de tantas luchas populares conoció la solidaridad con Euskal Herria y acogió a quienes compartían un exquisito marmitako. Doy por hecho que el Libertador disfrutó al constatar que su pueblo, obligado a pelear en tantos frentes, atiende también el internacionalista. «Nunca seremos libres -nos recuerdan- mientras exista un solo pueblo oprimido». Haremos de nuestra gratitud correspondencia solidaria.

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