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Raúl Zibechi periodista uruguayo

Cómo el imperio expropia los saberes sociales

Sorprende e incluso asusta comprobar hasta dónde pueden llegar las multinacionales en su obsesión por controlar hasta el más pequeño detalle para, con ello, seguir dominando el entramado económico-financiero mundial. Raúl Zibechi pone el ejemplo de un campamento de «Jóvenes Activistas Sociales» organizado en Uruguay, bajo cuya apariencia de un espacio de trabajo solidario se escondían los largos tentáculos del conocido multimillonario George Soros. El autor del artículo denuncia estos intentos de expropiar los «saberes y formas de hacer» de los movimientos sociales.

Desde el sábado 20 hasta el viernes 26 de marzo se realizó en Colonia (Uruguay) un Campamento Latinoamericano de Jóvenes Activistas Sociales, en cuya convocatoria se prometía «un espacio de intercambio horizontal» para trabajar por «una Latinoamérica más justa y solidaria». Bellas palabras que encubren un proyecto imperialista.

«Fueron alrededor de 120 jóvenes que llegaron con inmensas expectativas. Bajo la técnica de open space se trabajó durante esos días en base a las inquietudes de los participantes. Al parecer, no hubo resultados finales del campamento debido a que con el correr de los días fueron pocos los que se comprometieron con la dinámica planteada y por momentos hubo una especie de desorden que imposibilitó la redacción de un documento de acuerdo entre los participantes», dijo L.R.R., joven militante uruguayo que prefirió mantener el anonimato.

En la convocatoria, los Jóvenes Activistas Sociales (http://jas10.org) prometían que el campamento sería «un espacio para el intercambio horizontal, aprendizaje entre pares y exploración de sinergias. Queremos mediante este encuentro participativo comenzar a construir una memoria viva de las experiencias de activismo social en la región; aprender de las dificultades, identificar buenas prácticas locales aprovechables a nivel regional, y maximizar el alcance de la creatividad y el compromiso de sus protagonistas».

Tal vez por esa promesa, interesante, contagiosa, enhebrada con el estilo propio de la militancia juvenil, «llegaron participantes desde todos los países del continente dispuestos a contar sus experiencias, escuchar las del resto del grupo, compartir espacios de análisis y reflexión sobre las distintas coyunturas regionales y conocer gente de los diversos países», apunta L.R.R.

Nada sería tan sencillo, ni tan idílico. Todos los participantes tenían el pasaje aéreo pagado desde su país y la estancia completa en Uruguay. Sólo para estos rubros se calcula un gasto que supera los 150.000 dólares. «Mucha plata», dice L.R.R., que comenzó a investigar quién financió el proyecto «horizontal».

El resultado de la navegación por las páginas web del encuentro le permitió averiguar que el campamento de Colonia contó con el auspicio del Open Society Institutes, Idebate.ñ, Fundación SES y Ashoka Avancemos. «Como no tenía mayores referencias de dichas organizaciones, estuve visitando sus páginas web. Ahí me enteré que todas están relacionadas con el Open Society Institute, que es un instituto creado por George Soros, el multimillonario siempre presente en el Foro Económico Mundial que financió el sindicato Solidaridad de Lech Walesa en Polonia, la revolución de las rosas en Georgia y la campaña presidencial de Barack Obama, entre otros. Fiel exponente del liberalismo económico, se lo describe como financiero, inversionista y filántropo».

No es difícil seguir las pistas de estas organizaciones. Siguiendo sus links, llegó a páginas como Fundación Nuevos Líderes, Jóvenes Empresarios de Chile, Unión Mundial, Tactical Technology Collective entre otros. «Todas ellas son organizaciones con lugares comunes muy loables como el fortalecimiento de las democracias, la lucha contra la corrupción y la defensa de los derechos humanos, pero defendiendo por supuesto la libertad del capital». Tienen contactos en las altas esferas de la ONU, con el Foro Económico Mundial de Davos, USAID (la agencia estadounidense de cooperación), y muchos otros. «Promueven iniciativas en el sudeste asiático, en África y ahora parece que quieren desembarcar en Latinoamérica».

Tactical Technology Collective (http://www.tacticaltech.org) merece una mención aparte. «Esta ONG financiada por Soros se dedica a capacitar activistas sociales en el uso de herramientas electrónicas. Provee manuales y guías sobre uso de herramientas de todo tipo como ser mapas online, gráfica, audio, video, blogs, telefonía libre, seguridad informática, celulares y muchos más. Sus materiales son realmente excelentes y pueden ser de gran ayuda para activistas sociales con falta de fondos, censurados y con problemas con el poder imperante».

Luego de leer y rastrear sobre estas organizaciones, surgieron muchas dudas, en particular las razones de su reciente interés en nuestro continente. Sospecha que su interés consista en capacitar gente para desestabilizar esas democracias anti-imperialistas. En efecto, las preguntas se agolpan: «¿Tiene que ver con los últimos movimientos del Gobierno de Estados Unidos de permitir exportar servicios de internet para fomentar la apertura de regímenes considerados autoritarios y represivos?». Sabemos que el uso de Facebook, Twitter y otras herramientas ha sido determinante en la reciente rebelión en Irán y que Hugo Chávez está denunciando movidas similares en su país.

La extensa mano de Soros parece haber jugado un papel incluso en la reciente «revuelta» en Kirguistán, país clave en los planes de Estados para la guerra en Afganistán. Omurbek Tekebayev, que lidera la actual rebelión, mantiene desde hace años estrechas relaciones con el Departamento de Estado norteamericano y la Fundación Soros. Hace un año, fue a Washington «a debatir en público sus planes para derrocar al gobierno de Bakiev con un levantamiento popular» («Rebelión», 8/4/10).

En todo caso, vale detenerse a reflexionar sobre cómo las multinacionales se dedican pacientemente a estudiar a los movimientos de abajo y a sus militantes para expropiar sus saberes y sus formas de hacer. Las fotos del campamento muestran reuniones en ronda, fogones y trabajos colectivos con papelógrafos, con fondo de whipalas y otras banderas indígenas.

Cualquier desprevenido, porque buena parte de los que acudieron al campamento lo hicieron con buena voluntad, pensará que se trata de un encuentro de movimientos antiimperialistas y de base que apelan a la educación popular como forma de trabajo. Comprobar que se trata de una actividad organizada por el mayor especulador financiero del mundo, quien tuvo el poder de quebrar al Banco de Inglaterra en 1992 y contribuye a derribar gobiernos antiimperialistas, muestra hasta dónde pueden llegar para mantener sus privilegios.

© Alai-amlatina

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