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Maite SOROA | msoroa@gara .net

Leer para medir el acierto propio

H ay ocasiones en las que el acierto propio se mide en función del grado de cabreo que genera en el contrario. Ayer dí con un artículo que sirve para hacerlo.

Firmaba José Aguilar en «Diario de Almería», «Granada Hoy», «Málaga Hoy», «Huelva Información», «Europa Sur», «El Día de Córdoba» y «Diario de Sevilla» un sonoro artículo titulado «No son hombres de paz» con el que pretendía aleccionar a sus lectoras y lectores (con tantas cabeceras habrá que pensar que son muchas y muchos) sobre la maldad intrínseca de las gentes de la izquierda abertzale.

Según Aguilar, «una vez más (¿cuántas van ya?) se ha puesto en marcha en los últimos días una operación de embellecimiento de Batasuna encaminada a que se le deje participar en las elecciones municipales y consistente en pronunciarse por el derecho a decidir de los vascos `sin violencias de ningún tipo ni injerencias'. Aparentemente, piden a ETA que deje de matar y, a cambio, reclaman que se les trate como un partido normal que pueda defender su programa soberanista en igualdad de condiciones». O sea, que hay engaño, viene a defender.

Consciente de que su público es ajeno a la realidad vasca, Aguilar les cuenta su propia película: «Que los batasunos reclamen acudir a las urnas en condiciones de igualdad no deja de ser un sarcasmo, porque nunca -con toda rotundidad: nunca- han protestado por la desigualdad en que se han tenido que mover tantos alcaldes y concejales democráticos bajo la amenaza del tiro en la nuca por parte de sus correligionarios».

Pero lo que realmente le preocupa es que la gente pueda votar lo que quiera: «Hay algo que, en aras de la aceleración del fin del terrorismo, que es lo que importa, no se suele comentar: la reconversión de Batasuna al juego democrático, si de verdad acaba produciéndose, no será por convencimiento, sino por táctica. Jamás han dicho que quitarle la vida al adversario político indefenso sea un crimen abominable. Todo lo más piensan ahora, en situación de debilidad extrema, que no les conviene seguir como cómplices de los terroristas porque, de hacerlo, está asegurada su permanencia en la ilegalidad». Pues pienso que, a la vista de lo mal que les sienta a algunos, se va por buena senda.

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