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El mejor y más influyente compositor del pop europeo

«Gainsbourg»

El cine sin censura, el pop, la modernidad, la televisión más provocativa o el Festival de Eurovisión no serían lo que son sin la influyente y revolucionaria figura de Serge Gainsbourg. El genial compositor de ascendencia ruso-judía vino a trastocarlo todo, con sus irreverentes canciones para musas como Juliette Gréco, Brigitte Bardot, Jane Birkin o France Gall.

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Mikel INSAUSTI | DONOSTIA

A veces se comete el error de pensar en Gainsbourg como un artista única y exclusivamente vinculado al mercado francófono, pero su fama es universal y su influencia musical abarca también ya a la cultura anglosajona. Desde que, a finales de los 90, el australiano Mick Harvey, fundador del grupo Bad Seeds de Nick Cave le dedicara dos discos con las traducciones de sus canciones al inglés, se ha convertido en un fenómeno que traspasa fronteras. Tampoco hace falta ser políglota para disfrutar de sus composiciones, porque donde destacaba el gran Serge era como arreglista, ya que aportó al pop ideas muy avanzadas a base de experimentos melódicos, por no hablar de su empleo de recursos vocales como los gemidos, los susurros o las onomatopeyas. En la posgerra, en sus comienzos junto a su maestro Boris Vian, se extendió el concepto de la canción de autor sobre textos literarios, pero Gainsbourg fue más allá e incorporó el lenguaje cinematográfico y el del cómic a sus temas. Respecto a los textos, en lugar de quedarse en la canción protesta, lo que hizo fue buscar la incorrección política y todo aquello que puediese incomodar a la sociedad burguesa europea. La cima de la provocación la alcanzó con sus discos «Rock Around the Bunker», sobre la ocupación nazi; y «Aux armes et cetera», versión de La Marsellesa que indignó a los patriotas y defensores del himno nacional francés.

Tantas canciones como mujeres

En su adolescencia, el pequeño Lucien Ginsburg apuntaba para pintor, seguramente porque se imaginaba a sí mismo rodeado de bellas modelos. Sin embargo, siendo bien joven tuvo que empezar a ganarse la vida como pianista de cabaret, oficio heredado de su padre, que era un emigrante ruso-judío. No tardó en descubrir que con la canción también podía trabajar para musas inspiradoras, atractivas cantantes que harían más sensuales y gratas sus ya de por sí fascinantes canciones.

En los 50, cuando empezó a escribir sus canciones guiado por su maestro Boris Vian, fue, además de pianista, acompañante a la guitarra de la cantante Michèle Arnaud, para la que escribió sus primeras canciones. Luego, en agradecimiente para esta dama de la rive gauche parisina, compondría «Les papillons noirs», que sigue siendo mi canción preferida de cuantas hizo Gainsbourg, convenientemente electrificada en la versión del grupo de rock de los 70 Bijou.

Pero la fama de compositor para ellas la alcanzó Gainsbourg gracias a Juliette Gréco y a Petula Clark, para las que compuso respectivamente «La javanaise» y «La gadoue». Ya en los 60 iba a encontrar una fructífera relación con France Gall, para la que hizo innumerables temas, entre los que ella eligió «Poupée de cire, poupée de son» para presentarse al Festival de Eurovisión, siendo la ganadora en la edición de 1965. Aún así, el impacto internacional de «Laisse tomber les filles» iba a ser mucho mayor, incluso en la actualidad, gracias a que Tarantino incluyo la versión anglosajona «Chick Habit» en su película «Death Proof». Un camino parecido seguiría «Comment te dire adieu», hecho en origen para la deliciosa Françoise Hardy.

No es que hasta entonces las canciones de Gainsbourg fueran inocentes baladas pop, pero tenían un doble sentido oculto que, en muchas ocasiones, escapaba a las propias intérpretes que, de haberlo intuido, se habrían negado a colaborar con él. El compositor quiso dar el salto hacia unos textos más explícitos al trabajar con Brigitte Bardot, que era el mito erótico de la década. Primero se la ganó con temas-homenaje como «Initials B.B.» o el muy cinematográfico «Bonnie and Clyde». Los problemas ya empezaron con la muy insinuante «Harley Davidson» y estallaron definitivamente con «Je t'aime... moi non plus», considerada por muchos directamente como una canción pornográfica. Entonces llegó Jane Birkin, que sí se atrevía con el tema central de la que iba a ser la primera película homónima de Serge Gainsbourg como director, a la que seguirían otras tres más que también iban a desafíar a la censura en materia sexual.

«Gainsbarre»

La ruptura de normas establecidas que Gainsbourg inició con Jane Birkin se extendió a la hija que ambos tuvieron. El escándalo público saltó con la canción «Lemon incest», que el propio compositor interpretaba a dúo con su hija Charlotte Gainsbourg, incluso en programas en directo de televisión. Todo eso fue demasiado para Jane Birkin y la definitiva ruptura era inevitable. La actriz y cantante ha solido confesar que, una vez separada, sufría con las apariciones televisivas de su ex. El punto más bajo de su trayectoría exhibicionista llegó con el numerito que le montó a Whitney Houston, quien no acertó a comprender el comportamiento ofensivo del teórico anfitrión en su comparecencia televisiva.

Y así siguió hasta su muerte en 1991, en una etapa decadente junto a la cantante Bambou. Gainsbourg acabó convirtiéndose en un autodestructivo personaje que él mismo bautizó con el nombre de Gainsbarre. Por tal se conocía a aquel individuo que aparecía en las entrevistas sin afeitar, con un cigarro en la boca y un vaso de whisky con hielo en la mano. Era un monstrudo creado por Gainsbourg y que nació como un diabólico seductor. El hecho de que el verdadero Lucien Ginsburg fuera tan feo de cara, además de enfermizamente tímido con las mujeres, le hizo pensar que podía utilizar el encanto de la música para acercarse a ellas. Con el paso del tiempo esa máscara se fue volviendo más oscura y perversa.

En «Gainsbourg (Vie héroïque)», el compositor mantiene un pulso constante con su alter ego y acabará transformándose en Gainsbarre. Joann Sfar sitúa en su película el origen de dicho monstruo interior en la niñez, cuando el pequeño Lucien se vió obligado a portar la estrella de David durante la Ocupación nazi. Aquel niño soñaba con que la estrella amarilla de los judíos era una estrella de sheriff, pero algo diabólico nació del horror histórico y fue creciendo al pie de su cama mientras dormía. Sfar lo representa con un muñeco que acentúa los rasgos prominentes (nariz y orejas) del artista y que lo ha llamado La Gueule. Doug Jones ha sido el encargado de animarlo mediante efectos digitales, sin que el efecto fantástico reste realidad al conjunto, visto siempre como elemento psicológico.

El realismo no se pierde gracias al asombroso parecido físico del actor Éric Elmosnino con Gainsbourg. Las caracterizaciones de las cantantes de su vida también están conseguidas, aunque es imposible llegar a semejante calco. Laetitia Casta convence como Brigitte Bardot, al igual que Anna Mouglalis como Juliette Gréco o Sara Forestier como France Gall. En cambio, el indefinible atractivo de Jane Birkin es tan único que resulta imposible alcanzarlo por parte de Lucy Gordon. Está mejor el cantante Philippe Katerine en su rol de Boris Vian.

Estreno

T.O.: «Gainsbourg (Vie héroïque)»

Dirección: Joann Sfar.

Intérpretes: Éric Elmosnino, Laetitia Casta, Ana Mouglalis, Lucy Gordon, Sara Forestier.

Fotografía: Guillaume Schiffman.

Música: Olivier Daviaud.

País: Estado francés, 2009.

Duración: 134 minutos.

Género: Biopic musical.

Joann Sfar salta del cómic al cine gracias a Gainsbourg

La película de Gainsbourg la ha hecho un admirador y conocedor de su obra. Joann Sfar es otro artista judío que encontró su vocación en la música, aunque prefirió dedicarse a la pintura como el joven Lucien Ginsburg. En el texto está influenciado por Romain Gary y en el dibujo por Hugo Pratt. Pertenece a la «Nouvelle vague» del cómic junto a Christophe Blain, Lewis Trondheim o Emmanuel Guibert. Ha trabajado para grandes editoriales (Delcourt, Dargaud) y para la independiente L'Association. Prepara su primer largometraje de animación, «El gato del rabino», basado en el cómic con el que ganó el premio Will Eisner. M.I.

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