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Raimundo Fitero

Violencia salvaje

Abre uno el ojillo, mira cualquier noticiario internacional y solamente puede que exclamar ¡como está el patio, Serapio! La violencia aparece en lo macro y en lo micro. En lo político, en lo personal y en lo social. Uno se asusta al ver en el mismo combinado informativo las imágenes del secuestro del autobús de Manila, con una inusitada violencia policial que provoca una docena larga de muertos, de secuestrados y secuestrador como en el momento siguiente se entera de que un árbitro de fútbol ha apuñalado a un jugador por protestarle en el campo una decisión. Este patio parece un calidoscopio de la barbarie humana.

Las noticias que se reciben de México y la violencia entre las bandas de narcotraficantes, y aquí lo de bandas es una manera de utilizar el lenguaje del poder, porque uno siente como que los que van con coches con sirenas y uniformados, también forman parte activa en el negocio y que la inusitada violencia actual viene provocada por decisiones políticas o partidistas de despejar el terreno para una de las partes implicadas porque parece que se llega a gobernar con el dinero del narco. Pero la violencia es ejercida de manera brutal, salvaje, como en un ritual shakesperiano superado. Y está alcanzando unas cifras de tragedia, de guerra civil. En Brasil, en sus televisiones llevan días tratando asuntos similares, pero con clanes de narcos en Río, de luchas entre carteles, con la policía interviniendo y mostrando uno arsenales de armamento de guerra realmente asombroso. Lo de Río es un plan de limpieza y control estatal para las olimpiadas.

Pero la violencia que no cesa es la que se produce cada día en Irak. O en Afganistán, o en otras partes donde los intereses económicos del imperio han practicado la invasión y han desequilibrado la zona. Irak, duele, por su constante goteo de decenas de muertos que damos como amortizados por el cinismo de Obama. Y en Afganistán, las acciones de los que defienden lo suyo contra las fuerzas de ocupación es una guerra diaria, constante, de desgaste, aunque nos lleguen solamente noticias de las acciones que afectan a tropas españolas. ¿A qué espera Zapatero para abandonar el avispero?

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