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«Yo no quería ser rico... quería ser grande», confiesa Springsteen en «The promise»

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P. C. | BILBO

Hay un momento en el que la E Street Band duda de si están haciéndolo todo mal, piensan que siquiera saben hacer bien su trabajo. Max Winberg graba una y otra vez la batería, Springsteen insiste en que se oye la baqueta, que aquello es un baquetazo. En realidad, no es que se toque mal, es el sonido, la sonoridad. Graban en el hueco del ascensor (buscando un poco de eco, de rever), la transportan a rincones diversos... y nada, desesperación en Bruce. El único que intenta conciliar los ánimos es Steve Van Zandt.

Springsteen no para de escribir en su cuaderno. Elige diez temas de los cuarenta posibles y de la treintena grabada. No es una cuestión de mejores y peores, sino de uniformidad. Fuera se queda, por ejemplo, «Because the night», que se la pasaría posteriormente a Patty Smith, canción de la que Smith dijo que gracias a ella había podido comer durante bastantes años tras la muerte de su marido Fred Sonic Smith en 1994. «Promise» nos ofrece la oportunidad de escuchar la primera versión de Springsteen.

Desde algunos frentes se advierte de que «The promise», el doble cedé, no es un disco de descartes, de tomas alternativas, sino de canciones que simplemente no tuvieron cabida por variadas circunstancias. Lo cierto es que el doble cedé no posee el mismo brillo de sonido que «Darkness on the edge of town», se puede comprobar fácilmente chequeándolo o comparando la versión de uno y otro lado de «Racing in the street», el único tema común, pero, con todo, y contrariamente a muchos discos de rarezas que no logran más que aburrir y perjudicar al artista, este epílogo posee momentos deslumbrantes, canciones de cara A. La misma versión de «Rancing in the street» nos ofrece una apuesta folk-rock que la redimensiona de forma elástica, sin cascar.

«Fire» fue otra de las canciones que Springsteen cedió de estas sesiones. El estilo es puro Presley, uno de sus ídolos, y The Pointer Sister la llevaron a lo más alto de la lista de éxitos en el 78. Después llegaron nuevas versiones: Robert Gordon, Cher, Link Wray...

«The Promise», de paso, nos descubre, como ninguna otra obra del autor de «Nebraska», la enorme influencia que hasta esta época tuvo sobre él el desaparecido Roy Orbison.

La caja/libro/cuaderno cuesta cerca de los noventa euros. «The promise», menos de 20, además, como dice Springsteen en el documental: «Yo no quería ser rico, no... quería ser grande».

De acuerdo, que grande le hagan las canciones y no el dinero.

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