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«Nuestro acierto es por el tipo de personas que hemos fichado»

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Porfirio FISAC

Entrenador del Blancos de Rueda Valladolid

Segoviano de nacimiento, de Villanueva De la Serena de corazón, y con un poco de alma donostiarra, Porfirio Fisac ha logrado un pequeño milagro que ni él se acaba de creer: que el Valladolid, con uno de los presupuestos más bajos de la ACB y en pleno concurso de acreedores, se cuele en la Copa, y como cabeza de serie. Un ejemplo de dedicación y amor a su trabajo y profesionalidad, para grandes y pequeños.

Arnaitz GORRITI I

No parece muy serio tomar como referencia un foro de Internet, pero para introducir esta entrevista, lo merece. ACB.com, 28 de febrero de 2010: «¡Cómo mola Porfirio Fisac! Todos los partidos del Blancos de Rueda Valladolid han sido inteligentes y disputados (aunque hayan perdido) y las decisiones del técnico siempre han estado a la altura. No es una estrella mediática, ni es italiano, ni tiene un bigote como una escoba, ni se mete las manos en los bolsillos cuando va perdiendo, pero mola». Un año más tarde, además ha clasificado al cuadro vallisoletano para la Copa, 12 años después, como cabeza de serie. ¿Cómo no va a molar?

Ustedes son la revelación del año, pero diría que una «revelación» no logra ser cabeza de serie de la Copa.

Las sensaciones ahora mismo son de algo que no es real, de un sueño; piensas un cuento y te sale así, pero en realidad no crees que la vida te pueda dar estas alegrías.

¿Más allá de sus dos ascensos a la ACB, es éste su mayor éxito?

Bueno, mi ascenso en Donostia fue algo diferente, como nacer un hijo; sus primeros años, educarlo... es una sensación que no puedo compararla con nada.

Pero clasificarnos para la Copa... no estoy hecho a esa idea. Supongo que cuando esté en Madrid y empiece a jugar diré «¡pero si estoy aquí! ¡Si esto lo veía por la `tele'!»

Once victorias, y derrotas apuradas ante Lagun Aro GBC o Real Madrid. Dudo que esto sea sólo una buena primera vuelta.

Cuando entrenas a un jugador ACB, el nivel técnico y táctico ya suele ser de primer orden, pero lo más importante es que todos tiren en el mismo sentido. Y otro detalle es que, cuando un jugador no funciona, los entrenadores debemos mirarnos hacia nosotros y decir «¿tendré yo algo de culpa? ¿Qué puedo hacer para que juegue mejor?» Al final ése es el secreto: la unión que hay en la plantilla y las ganas que tiene uno de hacer mejor a los jugadores.

En 2010 se quedaron cerca de la Copa, aunque con cuatro triunfos menos. ¿En qué han mejorado?

La experiencia. Primero el entrenador, para saber mentalizar a sus jugadores para ganar ciertos partidos; es decir, hay partidos que son para competir y otros que son para ganar como sea. De cara a la Copa, hubo dos partidos clave: el que ganamos en casa al Gran Canaria -73-70- y fuera al Fuenlabrada -73-77-.

También es que «sabe más el diablo por viejo que por diablo». He intentado siempre mejorar la inexperiencia que tuve en Donostia, y el año de descenso fue un punto de inflexión en el que me dije «bueno, ¿valgo o no para esto?» Tenía que hacerme creer que podía hacer mejor el baloncesto que quería hacer.

Han logrado además una bonita comunión con la gente.

Recuerdo mis reuniones con Miguel Santos y Germán Cea en Donostia y les preguntaba, «¿cómo queréis que sea este proyecto? ¿De un año? ¿De largo plazo?» Me gusta tener reuniones al principio de campaña con el presidente y con gente que lleva años en el club. En Valladolid me pidieron que lograra que la afición y el equipo sea uno.

Partiendo de esa base, decidí que los jugadores que vinieran reunieran unas condiciones. Al final, no sólo fichas jugadores, sino personas ante todo. Nuestro gran acierto viene del tipo de personas que hemos fichado.

Ya, pero por muy implicados que sean, le exigirán resultados.

Me refiero a los condicionantes de mi plantilla: o bien fichas a estrellas y complementos para que se amolden a ellas, o jugadores con las mismas necesidades y las mismas ambiciones. En este caso, quería jugadores con cierta experiencia, de unos 27 a 30 años, que tuviera cierto recorrido familiar... Son muchos pequeños detalles. Si todos los jugadores tienen un pensamiento parecido, todo es mucho más fácil de cuadrar.

¿Su objetivo sigue siendo la permanencia?

Si no somos ambiciosos en el mundo del deporte, no tenemos nada que hacer. Los objetivos se marcan según vienen. El primer objetivo, el lógico, es no descender, y para eso necesitamos 13 victorias. ¿Pero nos conformamos o somos ambiciosos?

¿No teme «morir de éxito»?

Sí. Es muy difícil superar problemas para los que no se está preparado psicológicamente. Tengamos, pues, la prudencia de no cambiar lo que somos. Esa sí que es mi obligación.

No hemos hablado de los problemas económicos del club. ¿Cómo lo llevan?

No es tan bonito. No está siendo fácil, pero las penas con pan son menos penas, y esperamos que la parte deportiva sea el pan y la parte económica, más llevadera.

«En ataque manda el talento; en defensa, el trabajo y el querer»

El baloncesto son números, son su esencia. Pero los pucelanos destacan en números poco llamativos: quinta mejor defensa y segundo máximo recuperador de balones. Números de filosofía de juego.

Me da la impresión de que ustedes brillan mucho en el trabajo que no se ve.

Durante el año el entrenador se ha de adaptar a los jugadores, pero en la confección de la plantilla, necesitas que el jugador tenga tu identidad o fichar lo que realmente es de tu estilo. Lo paso mal cuando un jugador no trabaja o no tiene ambición. Por eso intento fichar al jugador trabajador. Y además, el talento cuesta dinero, y nosotros de eso...

Un ejemplo palmario es el ex Bruesa GBC Nacho Martín, que está firmando sus mejores partidos en la ACB.

En Nacho pasa como con Doblas o Uriz. Creo a muerte en él, y no le voy a dejar que sea niño a la hora de poner una excusa. «Tienes talento y creo en ti. Por eso, aguanta todo lo que te digo, porque es la única manera de sacarte el rendimiento».

Sois la quinta mejor defensa y los segundos en robos. ¿Es una filosofía de vida?

Queremos que la gente que venga a nuestro pabellón se divierta y la forma es dando mucha variedad al juego. Pero tenemos además, la obligación de defender. Delante destaca quien tiene más talento. Atrás es trabajo y es querer.

El robo implica la intensidad del juego. Se da poca importancia a la defensa sin balón, y creo que en este cometido hay que trabajar mucho y bien. La idea que tenemos es: «estoy en el campo para algo; para impedir una canasta sea de mi par o el de mi compañero». A. G.

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