GARA > Idatzia > Iritzia> Jo puntua

Fede de los Ríos

Las huestes de Simón y de Yolanda

 

Entre las funciones de la denominada Policía Municipal parecieran destacar, en principio y de acuerdo al sentido común, la de regular el tráfico, la instrucción de atestados dentro de las ciudades, la custodia de edificios públicos y protección de autoridades locales, la prestación de auxilio en caso de calamidad o accidente urbano a los ciudadanos que lo requieran, la prevención de delitos dentro de la ciudad, amén de ejercer de policía administrativa al servicio del municipio e incluso la de subir a algún árbol para calmar a la angustiada ancianita propietaria del felino escalador.

Un policía con la paciencia necesaria para serenar los ánimos exaltados y beodos de algún que otro imbécil. En resumen, un policía conocedor del paisaje y del paisanaje, con cierta mano izquierda y altas dosis de sentido común: alguien equilibrado al servicio de los ciudadanos.

Todos, cuando hace años decíamos munipa, sabíamos a qué nos referíamos. En Iruña ya hace tiempo que no es así. La palabra municipal, en muchos casos, evoca un individuo prepotente hasta lo pendenciero, violento y nada normal, al servicio de una política privativa y autoritaria; en otras palabras, un antisocial.

En la dirección de un cuerpo civil por definición, las autoridades de la Muy Noble y Leal Ciudad de Pamplona, han puesto una y otra vez a un militar. Antítesis de lo civil. Individuos cuya conducta año tras año, durante todo el periodo de aprendizaje, ha sido condicionada en unas llamadas academias militares por lo que denominan la disciplina castrense. Es decir, castrando a uno en lo referente a las facultades y virtudes específicas del ser humano, como son el lenguaje que nos procura el raciocinio y la piedad que facilita el ponernos en el lugar del otro. Y por otra parte, fomentando la animalidad también conformadora de lo humano en cuanto animal. Obediencia y sumisión hacia el jefe y exigencia y mala hostia para con los inferiores que no portan armas ni uniforme e, indudablemente, tienen los cojones más pequeños. Resulta curioso el aumento testicular que procura en algunos individuos el uniforme, aunque sea el de acomodador de cine. A todos uniforma. A quien en su juventud destaque por la capacidad de disfrute al provocar peleas en bares o discotecas la institución policial le brinda un futuro laboral hecho a su medida. Así podrá canalizar su antes estéril y gratuita violencia en una violencia productiva y retribuida. Es lo que tiene el uniforme, que facilita, en algunos, la canalización de sus psicopatías. Ya lo relató magistralmente Anthony Burgess en «La naranja mecánica».

En Iruña han creado entre muchos de los miembros de la Policía Municipal un envidiable ambiente de compañerismo y virilidad donde no caben «chivatos» que denuncien el maltrato a los detenidos ni «maricones» que nieguen la versión de otros compañeros policías. Por un compañero, falso testimonio y hasta la vida. Más cuando el enemigo a combatir porta ikurriñas o pretende okupar algún terreno de los amos.

Te vigilan y te golpean, lo corriente. Lo novedoso es que ahora, además, te roban el móvil.

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo