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Iñaki LEKUONA | Periodista

La ambición rubia

Si algo tenía esta mujer es ambición. Se le ha reprochado que su carrera política se la debe a su padre, Bernard Marie, diputado conservador y alcalde de Biarritz durante años. Y en parte es así. Pero incluso un buen enchufe no sirve de nada si no se aprovecha la energía. Y Michèle Alliot-Marie ha hecho lo imposible por hacerlo.

Se coló en el primer gobierno de Chirac como secretaria de Estado de Educación, llegó a presidir el principal partido de derechas, volvió al gobierno de la mano de un adversario como Nicolas Sarkozy y ha sido la misma mano la que finalmente ha desenchufado la ambición de la alcaldesa lohizundarra.

Y eso que MAM lo intentó todo. Incluso aduló a Nicolas Sarkozy hasta el ridículo afirmando cosas como que la política exterior fijada por el presidente es «lúcida y clara», que en los últimos treinta años nunca Francia había sido como ahora «el motor de Europa» y que el actual jefe del Elíseo tiene el mérito de haber renunciado «al neocolonialismo y al paternalismo» practicado históricamente por Francia en África.

Pero ni esa humillación le ha sido suficiente y a estas alturas Michèle Alliot-Marie ya digiere su cese. Muy a su pesar, claro. Porque si por ella fuera, no abandonaría el Gobierno. «No comprende qué es lo que se le reprocha», explicó un ministro anónimo a Le Figaro: «Se considera víctima de una intriga». Pobrecilla. Criatura. Total, todo por aceptar algún favorcillo de parte de un sátrapa, eso sí, sin ánimo neocolonial ni paternalista.

La cesan, pero que nadie espere de ella resignación. Vuelve a Donibane, pero seguirá como diputada en París, enchufada a la política, inmune a la autocrítica, alimentándose de ambición.

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