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Dabid LAZKANOITURBURU Periodista

Pillados «in fraganti», en Nueva York y en Madrid

Parecerá una coincidencia pero no lo es. La misma semana en la que quién y el director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, era detenido acusado de violación de una trabajadora africana en Nueva York, la anodina campaña electoral española ha saltado por los aires cuando decenas de miles de personas han decidido tomar las calles para denunciar a una casta política cuya primera y última ratio consiste en sacrificar a sus ciudadanos ante los deseos del capital, sea éste local o trasnacional.

Lo extraño es que, con la que ha caído y está cayendo, la reacción popular en ese Estado a la deriva que llaman España se haya hecho de rogar durante tanto tiempo. Más con las movilizaciones vividas en estos largos meses en los vecinos Portugal y Estado francés, y más lejos, Gran Bretaña, Islandia o Grecia, por poner ejemplos.

Pero nunca es tarde para denunciar a un Estado que, como bien conocemos los vascos, ha estado a punto otra vez de imponer un pucherazo electoral aquí, donde no le salen las cuentas.

Bien está que la clase política española se enfrente a un problema, ojalá creciente, de legitimación política. Mejor aún que ese incipiente movimiento esté esbozando propuestas políticas alternativas concretas.

Porque, conviene no olvidarlo, Strauss-Kahn es un gravísimo problema, pero de índole criminal-privada. El problema global son el FMI y sus políticas. Y la casta política española es la herencia de un modelo nacido de las cloacas del franquismo.

Como Ben Ali y Mubarak. Fueron desalojados del poder en Túnez y Egipto pero siguen ahí. Porque el poder es el sistema.