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Barak Gilad | Participante en la acampada de «indignados» en tel aviv

«Los ataques de Eilat han cambiado las acampadas; nosotros también somos soldados»

Barak Gilad (31 años), se define «cercano a la derecha», trabaja en marketing internacional y participa en la acampada en Tel Aviv. Como él, cientos de jóvenes israelíes han montado sus tiendas para demandar «justicia social» al Gobierno. Exigen reformas, pero comparten el ideario sionista. Por eso, no entienden el revuelo en el Estado español cuando un grupo de «indignados» de Sol trató de estrechar lazos con ellos y eso generó rechazo en varias asambleas. «No hablamos de los palestinos. No tiene nada que ver con ellos», se defiende.

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Alberto PRADILLA

¿Por qué se ha desatado ahora esta movilización?

La palabra más común es justicia social. No hay igualdad. 18 familias controlan el 75% de la economía de Israel. La clase media está sufriendo, es casi imposible vivir aquí, ahorrar para comprar una vivienda o poner en marcha un negocio. El coste de la vida es muy alto. Empezando por alquilar un apartamento, que puede llevarse el 40% o el 50% de un salario medio. La gente ha comenzado a darse cuenta de que existe un problema con el sistema.

La sociedad israelí está caracterizada por su fragmentación. ¿Quién forma parte del grueso de los manifestantes?

Esto es lo más interesante. Rothschild es un mosaico de todo tipo de personas. Hay árabes, judíos asquenazíes, judíos sefardíes, ricos, pobres, hippies, estudiantes... Se ha generado un espectro muy amplio de la sociedad israelí. Éste es un mosaico de Israel donde hay etíopes, rusos...

¿También religiosos?

Sólo algunos. El Gobierno trata de ahogar la protesta asegurando que esto es una iniciativa de la izquierda. Los religiosos les han creído. Pero cuando estás aquí, en la calle, te das cuenta de que es diferente. Yo, por ejemplo, soy simpatizante de la derecha. Pero lo que está pasando aquí es apartidista. No es izquierda o derecha, es algo diferente y más profundo. Nadie habla aquí sobre los palestinos. No tiene nada que ver.

Los colonos ya han aprovechado la demanda de vivienda para solicitar que se incremente la construcción en Cisjordania.

Eso no es cierto. La gente que está aquí no quiere vivir en Cisjordania. Está muy lejos de la parte central del país y es mucho más costoso. Nadie quiere vivir en un lugar desde donde tiene que conducir más de una hora para llegar a su trabajo en Tel Aviv. Esto, sin contar los 800 dólares de gasolina que debería de gastar mensualmente. No vale la pena.

Una de sus demandas era bajar el gasto en Defensa. Pero Netanyahu ya les ha advertido de que eso no ocurrirá.

Netanyahu es un buen político, sabe manejar a la gente y manipularla. Quiere mostrar la imagen de que esté haciendo algo pero sin hacerlo en realidad. Dice que formará un grupo de expertos y que estudiarán los principales problemas del país para darles solución. No le creo. El problema es mucho más profundo. Tenemos que cambiar la forma de pensar y modificar el sistema, que está podrido.

Hay quien considera paradójico que un movimiento judío reivindique justicia dentro de Israel sin tomar en cuenta la situación de los palestinos.

La justicia es algo que no siempre es compartido. A veces los dos lados tienen parte de razón. Sé que en Europa piensan que no somos justos con los palestinos. Pero aquí existe un conflicto. Y nosotros hacemos esto porque creemos que no hay otra opción. Es difícil salir. Pero no es por ser injustos. Creemos que hacemos lo que podemos para generar el menor daño al mismo tiempo que salvamos nuestras vidas. Es la situación la que no es justa, no lo que nosotros estamos haciendo.

¿Y los árabes con pasaporte israelí?

Tienen los mismos problemas que nosotros. Incluso más porque son más pobres que los judíos. Es la primera vez que árabes y judíos quieren algo en común. Por ejemplo, hay un campamento en Jaffo, donde hay muchos árabes y judíos que acampan juntos. Mejoraremos la relación con los árabes israelíes. Porque su situación va ir a más, al igual que la nuestra. Hablamos de justicia social. Por ejemplo, todo el mundo tiene que hacer el servicio militar o nacional. Ellos también tendrán que hacer este último. Así recibirán igual que nosotros. Para recibir algo, tienen que dar. Aunque es algo simbólico. Pueden trabajar en hospitales o donde prefieran. Entiendo que el servicio militar es problemático y no quieran hacerlo, pero el servicio nacional, teniendo en cuenta que viven en el país, deberían de hacerlo.

Cuando se generó la polémica con el vídeo de apoyo hacia el Estado español, muchos criticaron la honestidad de su movimiento teniendo en cuenta que no rompe con el consenso sionista, que buena parte de la comunidad internacional considera injusto y racista.

Aquí nadie habla de los palestinos. Si tienes una casa y jardín y quieres establecer un orden, es lógico empezar por la casa y después pasar al jardín. Se necesita empezar por el interior. Eso es lo que está pasando.

En los últimos tiempos se habla de la posibilidad de que Israel ataque a alguno de sus vecinos (Líbano, Siria, Territorios Ocupados) para desviar la atención de su crisis interna. ¿Han valorado esta opción?

No me gusta mucho Netanyahu, pero no creo que sea tan irresponsable ni tan corrupto como para tratar de desviar la atención con una guerra. Lo que sí que sabemos es que setiembre será tenso ya que los palestinos declararán su independencia. Muchos reservistas tendremos que ir al servicio militar porque no sabemos qué va a ocurrir. Y eso afectará a las acampadas. Un día, el 30% de la gente que está aquí va a ir al servicio militar. Por ahora no se han movilizado muchos, porque las operaciones desarrolladas son pequeñas. Pero es algo de lo que se habla mucho. Además, el último ataque evidencia que eso es lo que quieren los palestinos: acusar a Netanyahu de iniciar una guerra por sus problemas internos.

La reciente escalada de tensión, con ocho muertos por el lado israelí y más de veinte en Gaza, ha tenido consecuencias en las acampadas. ¿Se ha abandonado la protesta social por una defensa de la seguridad?

La situación ha cambiado claramente. La revolución es de la gente y la gente es parte de esta situación. Nosotros también somos soldados y tenemos mucho en común con las víctimas. Las acampadas siguen, pero, por ejemplo, las últimas manifestaciones se desarrollaron en silencio, recordando a los que murieron y conscientes de la situación que tenemos en Israel.

 

 

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«El último ataque evidencia que eso es lo que quieren los palestinos: acusar a Netanyahu de iniciar una guerra por sus problemas internos»

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