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Moneo: «Para un arquitecto, una iglesia es un problema muy serio»

Rafael Moneo (Tutera, 1937) es todo un referente en el mundo de la arquitectura y es autor de una decena de obras de prestigio internacional. En Donostia, tiene tres «muestras»: el Auditorio Kursaal, el edificio Urumea y la nueva parroquia Iesu del barrio Riberas de Loiola. Un mes después de la consagración de la iglesia, el Museum Cemento Rezola inaugura una exposición que muestra los entresijos del proceso de diseño y construcción de este templo.

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M. LARRINAGA | DONOSTIA

El Museum Cemento Rezola del barrio donostiarra de Añorga alberga una exposición que muestra los pormenores del proceso de diseño y construcción de la nueva parroquia Iesu del barrio también donostiarra de Riberas de Loiola, obra del arquitecto navarro Rafael Moneo, quien inauguró ayer la muestra.

La exposición, que podrá ser visitada hasta el próximo 15 de enero de 2012, recoge todo el proceso a través de maquetas, planos y fotografías. Planos diferentes de plantas y secciones muestran las diferentes vistas del templo junto a la gran maqueta de la parroquia donde se pueden apreciar los detalles del templo.

Había terminado la catedral de Los Ángeles, «una obra laboriosa, por estar allá y porque el cardenal de Los Ángeles, digamos que era una persona imperiosa en el más amplio sentido de la palabra», cuando le ofrecieron este proyecto. «Pero al terminar aquello me sentí tentado de abordar otra vez el problema de la construcción de una iglesia. Este es un problema muy serio para un arquitecto, porque estas construcciones tienen una carga simbólica mucho más inaccesible que otras edificaciones y no sabes exactamente lo que la gente te pide», explicó el navarro. Pero quiso subrayar la labor en equipo, «sin la inspiración, ni la confianza, ni el nivel de exigencia en el sentido de conseguir un hálito de espiritualidad, la parroquia no sería lo que es», añadió.

La iglesia está creada entendiendo que «es un conjunto», explicó el arquitecto. La edificación no se limita a la parroquia y, por eso, cuenta también con un espacio dedicado a la residencia del párroco, despachos y sala de usos múltiples.

Durante la explicación del proyecto Moneo dejó entrever que ha estudiado a fondo los usos y costumbres en la edificación de las iglesias y en el comportamiento de los feligreses. Según explicó, las iglesias se solían construir empezando por la cabecera que siempre estaba mirando hacia Jerusalén. Por eso, aunque la parte que acoge la residencia y los despachos siguen el esquema ortogonal del barrio, la suya se gira ligeramente dinamizando todo el complejo.

La nave central sigue las líneas rectas de la fachada, el altar es sencillo y el retablo está diseñado por Javier Alkain, mientras que la pila bautismal, el sagrario y la vidriera de la gran ventana situada a un lado de la fachada, las ha diseñado el propio Moneo.

En la nave central existen otras cuatro naves independientes: el baptisterio, la sacristía, la capilla y la reconciliación, que «se quedan aisladas por la cruz central de la nave». Pero, en un intento de aunar todas las instalaciones y darle un sentido de unidad, el baptisterio y la capilla tienen una ventana que deja ver el altar, aunque permite disfrutar al mismo tiempo de una cierta intimidad durante el rezo. Y es que Moneo ha examinado el comportamiento de los feligreses: algunos prefieren participar en la misa públicamente, mientras otros prefieren la intimidad de la capilla. «Después de la reforma protestante, la religión se vuelve privada. Por eso, la iglesia tiene que permitir celebrar ritos públicos a la vez que ofrecer una relación privada. Me gustaría que la gente pudiera compartir una liturgia, pero que también tuviera la opción de algo privado», dijo Moneo.

«Pensamiento oteiziano»

El arquitecto se remitió a otro de sus proyectos, el Kursaal de Donostia. Explicó que «tiene algo de pensamiento `oteiziano' en el sentido de cómo los sólidos elementales interaccionan y establecen relaciones que acaban afectando al paisaje, aquí se puede asimilar algo de lo que es la estética que viene de las cajas metafísicas de Oteiza». En ese sentido, el tejado de la iglesia de Riberas de Loiola cuenta con un lado más alto que el que el resto, como si el elemento sólido se hubiese erosionado con el tiempo y el viento, manteniendo una relación con el paisaje.

En cuanto a la iluminación del templo, aunque cuenta con lámparas de luz artificial, el techo es una enorme cruz por donde entra la luz del este y oeste. Esta cruz se encuentra hundida respecto al resto de la superficie horizontal y el desnivel lo cubren unas ventanas por donde se filtra el sol, dando una imagen de celestialidad mientras se ilumina la nave. «La iglesia tiene que tener algo de gótico para que la gente mire hacia arriba», dijo el navarro. Por eso, los techos son altos y luminosos.

Una vida dedicada a su carrera

Rafael Moneo nació en Tutera y estudió en la escuela de Madrid (ETSAM), donde obtuvo el título de arquitecto en 1961. Entre 1958 y 1961 trabajó con el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oíza y, más tarde, en 1961-1962, con Jørn Utzon, en Dinamarca. Ha desarrollado una intensa labor docente, con la cátedra de Elementos de Composición de la escuela de arquitectura de Barcelona en 1970 y también fue profesor invitado por el IAUS de Nueva York en 1976 y en las escuelas de Lausanne, Princeton y Harvard, entre otras actividades.

Es autor de obras de reconocido prestigio internacional, entre las que destacan el museo de arte romano en Mérida (1980-1986), la estación de ferrocarril de Atocha en Madrid (1984-1992), el auditorio Kursaal en Donostia, el edificio diagonal en Barcelona, la terminal del aeropuerto de San Pablo de Sevilla (1987-1991), la Fundación Joan y Pilar Miró (1987-1993), el Museo de Arte y Arquitectura de Estocolmo (proyecto de 1991) o la catedral de Los Ángeles (2000).

En 1996 le fue concedido el Premio Pritzker de Arquitectura, considerado el galardón más importante del mundo en este campo.

En medio de ese trabajo internacional, Donostia cuenta con tres obras suyas a las que el arquitecto estima en gran medida. «El Kursaal ha sido una obra definitiva en mi carrera y estimo mucho la obra del Urumea», explicó ayer. Ahora, espera con inquietud la reacción y el uso que los vecinos de Riberas de Loiola hagan de su última obra de arte.

DISEÑO E INNOVACIÓN

La parroquia de Riberas de Loiola cuenta con un revestimiento especial autolimpiante y descontaminante en su fachada exterior, lo que permite reducir el nivel de polución en los alrededores y, al mismo tiempo, permite que el edificio se mantenga limpio por más tiempo.

INSTALACIONES

La parroquia cuenta con amplios espacios luminosos y un parque al lado, además de un supermercado que se construirá en la planta inferior. «La iglesia es generosa en sus espacios, pero austera en los materiales», describió el arquitecto Rafael Moneo.

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