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Patxi Zabaleta Coordinador general de Aralar

Vías políticas y desmantelamiento de los ejércitos

El Estado Español, con casi cinco millones de parados y con una situación económica muy preocupante, debe afrontar la responsabilidad de poner sobre la mesa el ahorro del gasto del Ejército, la Monarquía, etc.

La Europa de las Naciones del siglo XXI, ante los envites de la crisis global y estructural en que se encuentra, tiene que revisar uno de los temas que es el de los ingentes gastos de defensa. Los ejércitos dimanantes de las monarquías absolutistas y estructuras estatales desde la Edad Media hasta el siglo XX no solo consumen enormes recursos económicos, necesarios para otros usos, sino que originan un retraso en la modernización y constituyen una afrenta para los principios de la exclusividad de los cauces políticos.

Efectivamente, la primera razón para poner en cuestión la existencia de los ejércitos, 30 ejércitos en la Unión Europea, es precisamente la ideológica. La exclusividad de los cauces políticos como pauta de decisión de las cuestiones públicas tiene que sustentarse en criterios de pacifismo que excluyan la utilización de las capacidades de daño masivo, como son los actuales ejércitos.

Pero además existe en la actualidad el argumento de la obsolescencia de las estructuras de los ejércitos modernos que data ya de hace muchos decenios. El teniente general Manuel Díez Alegría, que fue jefe de Estado Mayor en tiempos de Franco, escribió en los años 70 un libro titulado «Ejército y Sociedad» en donde ya entonces se llega a la conclusión de que es impensable una guerra en la que se utilicen los arsenales nucleares y que, por lo tanto, más allá de la eufemísticamente llamada disuasión nuclear, hay que concluir la inutilidad de los ejércitos modernos.

Los infraejércitos del Tercer Mundo han sido paradójicamente la fórmula escandalosa por la que las potencias excoloniales han sometido económicamente a los países no desarrollados.

El peligro nuclear es global y constituye además una de las primeras bases de la conciencia de globalidad: el peligro de destrucción universal. Pero la obsolescencia de la utilización limitada de las capacidades bélicas se pone de manifiesto en cada una de las guerras en las que participan las grandes potencias, desde Vietnam hasta Afganistán y que han acabado con otros tantos fracasos humanos y políticos.

La ocasión de esta reflexión es las efemérides de las Fuerzas Armadas del 12 de octubre. El Estado Español, con casi cinco millones de parados y con una situación económica muy preocupante, debe afrontar la responsabilidad de poner sobre la mesa el ahorro del gasto del Ejército, la Monarquía, etc.

El principio pacifista de la exclusividad de utilización de los cauces políticos obliga al debate social sobre la posibilidad de desmantelamiento de los ejércitos. No puede ser un tabú. La celebración del llamado día de Las Fuerzas Armadas es una buena ocasión para superar ese tabú.

No es fácil concretar la cuantía exacta de los gastos militares, por la opacidad de muchos de ellos. Pero su importancia se pone de manifiesto esporádicamente con noticias que son de cuantías verdaderamente escandalosas.

Han de ponerse en cuestión también las operaciones denominadas «misiones de paz», sean a las ordenes de la ONU, como Afganistán, o sean con e subterfugio de la OTAN, como la actuación aún en curso en Libia. No son un éxito ni un ejemplo ni una ni otra. Por el contrario, el derrocamiento militar de Gadafi, igual que el asesinato de Bin Laden o su sucesor en Yemen, no constituye un acicate ni favorece la lucha ideológica con Al Qaeda o las movilizaciones sociales y civiles del mundo musulmán, que constituyen una de las revoluciones del siglo XXI.

Europa, sin tabúes, necesita poner sobre la mesa el desmantelamiento de ejércitos, monarquías, etc. por imperativo ideológico y también social.

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