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Floren Aoiz | www.elomendia.com

1936-2011: del terror a la esperanza

En Nafarroa, donde la derecha criminal sembró las cunetas de asesinador por pensar diferente, era importante enterrar la memoria de los republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas o abertzales aniquilados, represaliados o huidos

Este domingo en Tafalla, de la mano de la Asociación de Familiares de Asesinados Navarros y la Fundación Altafaylla van a conmemorarse 75 años del golpe fascista y 25 de la publicación de «1936. De la esperanza al terror». Fue una obra precursora, realizada contra corriente, cuando el discurso dominante imponía el olvido. No era fácil sacar a la luz miles de crímenes, hacer aflorar el dolor y sufrimiento enterrados, señalar tantas responsabilidades. No lo era porque se estaba perpetrando una transición basada en la impunidad de los criminales y la marginación de las víctimas del franquismo.

La consigna era olvidar. No «remover heridas», dejar atrás el pasado y su «guerra civil». Había que evitar molestar a los franquistas, convertidos en demócratas de toda la vida. En Nafarroa, donde la derecha criminal sembró las cunetas de asesinados por pensar diferente, era importante enterrar la memoria de los republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas o abertzales aniquilados, represaliados o huidos. Estaba claro que la «democracia» no se iba a construir sobre su recuerdo, sino sobre el liderazgo de tipos como Amadeo Marco, Aizpún o Del Burgo, surgidos de las entrañas del franquismo, con la ayuda inestimable de «socialistas» como Urralburu o Arbeloa. Los individuos que -como señalara uno de los militantes históricos del PSOE pisoteado por los recién llegados- querían subirse al montón de cadáveres de socialistas y ugetistas asesinados para llegar a la Diputación.

Esa gentuza protagonizó la transición encubridora de los desmanes franquistas. Con esos hubieron de lidiar quienes se propusieron recordar lo ocurrido tras julio de 1936. Y lo hicieron tan bien que gracias al trabajo de aquellos pioneros de la memoria, el panorama ha cambiado mucho en estos años. Tan lejos llegó el cambio que finalmente, aparecieron los oportunistas. Cuando los primeros abanderados de la memoria picaban la piedra del muro de silencio, los oportunistas miraron para otro lado, o hasta los criticaron. Pero cuando el muro cayó, corrieron a hacerse fotos junto a las ruinas.

Vieron negocio y no dudaron. Como no tenían necesidad de repetir el trabajo que otros ya habían hecho y seguían haciendo, se concentraron en los micrófonos. Era la hora de las medallas y las querían todas. Milagrosamente, PSOE y la UGT, tanto tiempo ciegos y sordos, repararon de repente en lo injusto del olvido que ellos mismos habían recetado. Tenían que despolitizar el trabajo de recuperación de la memoria, descontextualizarlo, evitar una reflexión de fondo sobre las conexiones entre el franquismo y la «democracia». Querían banalizar la memoria y convertirla en mercadería: las víctimas del franquismo pasaron a cotizar en la bolsa del tráfico político español.

Pero, frente a los traficantes de la memoria, el ejemplo de los pioneros sigue demostrándonos que es posible pasar del terror a la esperanza. Por lo que hicieron hace 25 años, por señalar a los fascistas, por trasmitir el testigo a nuevas generacioes de «recordadores» y por enseñarnos que la batalla de la memoria es una lucha por la dignidad, la justicia y la libertad: eskerrik asko!

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