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Crónica | concierto de año nuevo en viena

Los valses del letón Mariss Jansons

Como cada año, y son ya 73 los que se viene manteniendo la tradición, millones de personas en todo el mundo saludaron al 1 de enero a ritmo de valses y polcas llegados desde Viena. Un concierto que, al margen de pequeñas variaciones y modernizaciones técnicas, sigue ciñéndose al formato clásico tan bien conocido por todos.

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Mikel CHAMIZO

Este año, sin embargo, ha habido una novedad importantísima en la trastienda del Concierto de Año Nuevo: el cambio en el responsable de la realización, un asunto extraordinariamente complejo en un concierto como éste en el que todo sucede en riguroso directo, incluso los números de baile desde el 2007, cuando Lucía Lacarra y su marido Cyril Pierre lo hicieron así. Karina Fibich ha sustituído a Brian Large, quien llevaba en el puesto de realizador desde que yo tengo memoria, y se ha estrenado con una propuesta extraordinariamente virtuosa en el aspecto técnico, pero que ha cosechado bastantes críticas: la de una cámara que nunca paraba de moverse levemente, como si estuviera meciéndose al ritmo de la música.

También presenciamos algunos travellíngs espectaculares por la Sala Dorada de la Musikverein. El resultado, no obstante, fue un poco mareante por momentos, y además se vio deslucido por algunos errores que nunca hubiera cometido Large: un primer plano de las fosas nasales de Jansons, un señor del público bostezando como un león o un zoom de la cámara que parecía dirigirse directamente a las partes nobles de uno de los pastores pintados en el techo. A Fibich le cayó leña en Twitter, donde el Concierto de Año Nuevo fue trending topic ayer, pero seguro que sólo es cuestión de refinar aspectos de una idea que arrojó también momentos magníficos.

Sin toque travieso

En lo puramente musical, el gran protagonista fue el letón Mariss Jansons, quien ya dirigió a la Orquesta Filarmónica de Viena en Concierto de Año Nuevo del 2006. Jansons es sin duda un director extraordinario, pero en esto de los valses hay que tener un punto muy concreto que a él le falta: una flexibilidad extrema en el rubato, que era marca de la casa de célebres directores de valses como Boskovsky o Krauss.

Jansons dirigió ayer con entusiasmo y dedicación, y sonoramente todo estuvo en su lugar, pero la «Pizzicato Polka» le quedó demasiado seria, la «Jockey Polka» ligeramente descafeinada, y en la «Trisch-Trasch Polka» los Niños Cantores de Viena se le despendolaron un poco. Tres cuartos de lo mismo con los valses compuestos por los diferentes miembros de la familia Strauss, que sonaron bien pero sin ese toque travieso que es, al final, el que marca la diferencia en este repertorio.

Donde sí estuvo muy notable Jansons fue en las páginas más sinfónicas del programa, como la «Danse Diabolique» de Hellmesberger o el «Panorama» y «Vals» de «La Bella durmiente» de Tchaikovsky, que, sorprendentemente, sonaba ayer por vez primera en un Concierto de Año Nuevo. También hay que reconocerle a un Jansons que parecía resfriado su buen humor e implicación al ponerse a tocar el silbato en el divertido gallop ferroviario del compositor danés Lumbye, o su interpretación de los yunques en la «Feuerfest polka» de Joseph Strauss.

Algunas novedades

Entre polka y polka, este año hemos podido disfrutar también de otra novedad en la retransmisión del Concierto de Año Nuevo, un elemento que siempre nos perdíamos por la publicidad que Televisión Española solía introducir durante el intermedio. Fue un vídeo firmado por Werner Boote en el que música de lo más diversas hacían flotar por los aires a diversos ciudadanos vieneses; una buena excusa para mostrarnos desde la mejor perspectiva posible la magnificencia arquitectónica de la ciudad danubiana.

Ya en la segunda parte del concierto llegaron dos números de baile en directo, uno muy bueno (el dúo en homenaje a Gustav Klimt al ritmo de la polca «Amor ardiente» de Joseph Strauss) pero el otro, el correspondiente al célebre vals «El Danubio azul», con un cuerpo de baile algo más discreto que en años anteriores. El espectáculo, como no podía ser de otra manera, finalizó con las palmadas del público al son de la conocidísima «Marcha Radetzky», coronando una correcta edición del Concierto de Año Nuevo, aunque no vaya a pasar a los anales de la historia de esta institución. Veremos qué tal lo hace, dentro de un año, el austriaco Franz Welser-Möst.

 

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