GARA > Idatzia > Kultura

Carlos GIL | Analista cultural

Qué risa

 

El gesto adusto, como esa máscara cóncava, provoca una sensación de cautiverio de la espontaneidad. Entre el camuflaje de los petardos sintácticos y la especulación adverbial, se encuentra un espacio en donde la empatía se apadrina con la simpatía y busca un resorte del sistema nervioso central que acaba en una mueca, un estallido espasmódico o en esa sublimación de la instancia suprema de la inteligencia que se convierte en la risa, precedida por la extraordinaria culminación del preaviso: la sonrisa.

Si la risa se amanceba con el humor, entonces tenemos una clave de entendimiento que debería escapar de los convencionalismos y ocupar un lugar privilegiado en el que la tragedia vista con la distancia de la inteligencia emocional se convierte en una herramienta que no subyace en el campo del abandono, sino en el que se apropia de otras capas de la existencia para instaurar un estrato de mayor capacidad refractaria. La risa no debe ser una coartada alienante. Si colapsa por un instante la capacidad de raciocinio es que estamos ante una adicción descontrolada, porque cualquier ejercicio de crítica mordaz, de humor que provoque una risa más allá de la estulticia paródica, nos coloca ante una actividad del ser humano que se apodera de una expresión superior de la comunicación intercultural. Quizás los sabios más extravagantes consideren que la risa es una renuncia y que todo debe quedarse en esa habitación con vistas al abismo ocupada por el cinismo más avanzado que desemboque en una mirada esquinada, para entender que ese soneto abarca más campo de influencia que los abrazos del oso por mucha música dodecafónica que se le quiera insuflar importancia.

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo