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Jon Odriozola Periodista

La «marca España»

No darán un duro a la investigación científica, pero ganan mundiales de fúmbol y sacan pecho mientras, ideológicamente, tratan de embrutecer al pueblo al que consideran un excipiente que se puede tornear a guisa de molde

Empezaré con una digresión paralipómena: en los recién finalizados Juegos Olímpicos, el Estado español no ha ganado ni una sola medalla -ni siquiera un bronce, un chocolate, diplomas, sí- en el deporte rey por antonomasia de las Olimpiadas, su esencia, su glacis: el atletismo. Hasta un editorial del diario «El País» tiene que, tragándose el sapo y, de puntillas, admitirlo. Ganaron metales en disciplinas que oso calificar de, no antideportivas, sino «antiolímpicas» dizque piragüismo, baloncesto, balonmano y no digamos el júrgol (exonero el taek- wondo) o el tenis, algo abominable que atenta contra la lucha del hombre contra el crono (la velocidad), la altura (la gravedad) y la fuerza (el físico), que esto es el atletismo. El resto es otra cosa.

Hace cuatro años, escribí aquí mismo algo muy parecido en relación con las Olimpiadas en China (por cierto, que uno estuvo, muy joven, en las ruinas de Olimpia, en el Peloponeso). No darán un duro a la investigación científica -¡que inventen ellos!-, pero ganan mundiales de fúmbol y sacan pecho mientras, ideológicamente, tratan de embrutecer al pueblo a quien consideran un excipiente que se puede tornear a guisa de molde. Siniestro.

Ahora, y es a lo que voy, se jactan de que un tipo como Amancio Ortega, que dudo que sepa ni hacer la o con un canuto, pero eso qué, un selfmademan, un ganador, lo demás es envidia, es, digo, el tercer hombre más rico del mundo, detrás del mejicano Carlos Slim y Bill Gates y por encima (o sea, que es bronce) de Warren Buffett. No se preguntan cómo amasó tamaña fortuna ni citan a Balzac cuando decía que detrás del tesoro se oculta, al menos, un crimen. Somos buenos hasta robando. ¿Robando he dicho? No, no. Eso es iniciativa empresarial que crea empleo, neoliberalismo (no saben ni quién era el gran Stuart Mill). Puro altruismo.

Quien roba es Sánchez Gordillo y sus bandoleros en supermercados para dárselo a los menesterosos (como Curro Jiménez). ¿Hablaré de Bankia, ese Alí Babá? No hará falta. Para pasmo del lector o lectora, si alguno hay, viniendo de mí, comunista y ateo, espigaré citas bíblicas veterotestamentarias y neotestamentarias que harán las delicias de los hipócritas que se dicen cristianos. Ahí voy: «venid y comprad sin dinero vino y leche» (Isaías, 55, 1). «A los hambrientos los sació de bienes y a los ricos despidió vacíos» (Lucas, 1, 53). La que sigue es célebre, una especie de «Manifiesto Protocomunista», el «Sermón de la Montaña» (y conste que yo no creo en el Jesús histórico, una leyenda, al contrario que Buda, por ejemplo): «bienaventurados los pobres» (Mateo, 5, 3 y Lucas, 6, 20). «Los publicanos y las rameras se os anticiparán en el Reino» (Mateo, 21, 31).

Es en los «Hechos de los Apóstoles» donde mejor se plasma aquello de por sus obras les conoceréis: «vivían unidos y tenían todo en común, vendían sus posesiones y repartían entre todos según la necesidad de cada uno» (Hechos, 2, 45). «No tenían sino un corazón y una sola alma: nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo lo tenían en común» (Hechos, 4, 32).

Antes de estas abundosidades, ya existía la propiedad privada y el becerro del oro. De aquellos barros, estas caridades. La justicia está por ver.

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