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Iratxe FRESNEDA | Periodista y profesora de Comunicaciůn Audiovisual

ęDans la MaisonĽ

Suele ser habitual pasar por más de una experiencia bizarra durante Zinemaldia y ayer me tocó vivir varias en primera persona. La primera tuvo a Benicio del Toro como protagonista de «malentendidos verbales» con algunos periodistas durante una entrevista compartida. Benicio es mucho Benicio y me dio la sensación de que no había desayunado; el desenlace lo dejo en manos de vuestra imaginación. La segunda tuvo que ver con el modo en el que me vi «forzada» a visionar «Dans la maison». Lo hice sentada en el suelo del gallinero del Victoria Eugenia y con un par de barras de barandilla de por medio. Conclusión: la sala estaba abarrotada, una buena noticia. A pesar de las obvias incomodidades, diré que me alegro de haberme quedado porque, entre otras cosas, la película de François Ozon es un soplo de aire fresco. Tomando como referencia la obra de teatro de Juan Mayorga «El chico de la última fila», Ozon elabora un sensacional guión en el que los protagonistas van creando la historia de la película mientras juegan con la idea de la construcción del relato partiendo de la posibilidad de extraerlo de su propia intervención en la realidad que les rodea. Diálogos ágiles e ingeniosos, buenas interpretaciones, tensión narrativa y un gusto impecable a la hora de rodar la definen. La del francés es una de esas películas que engancha, que te involucra en sus tensiones, que te hace reír a carcajadas, que estimula la imaginación y que, al mismo tiempo, nos habla del cine con mayúsculas, del proceso creativo y de su relación con la vida misma.

 
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