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Análisis | Uxue Bilbao Basket en la Eurocup

Las certezas se volvieron dudas justo en el peor momento

La sensación de seguridad y aplomo se vino abajo en el peor momento. Después de una solidez a prueba de bomba en todo el torneo, incluso en los momentos más peliagudos como el Last 16, los hombres de negro carecieron de fe en una final donde todo les salió mal.

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Arnaitz GORRITI Periodista

Nos faltó la suerte». Fotis Katsikaris se seguirá lamentando por la derrota ante el Lokomotiv Kuban, de las diez bandejas erradas bajo el aro, de la oportunidad perdida de regresar a la Euroliga, de alzarse con su primer título. «El equipo ha luchado y ha hecho el esfuerzo, pero ellos han metido tiros importantes y esos detalles en una final son importantes», resumía.

¿Cuántas veces habrán posteado Mumbrú y Grimau en su vida? ¿Cuántos pick'n rolls habrán hecho Hamilton y Rakovic? ¿Cuántas bandejas Zisis, Vasileiadis y Raül López? ¿Cuántos triples librados Moerman? Son características del juego bilbaino, un juego lleno de secretos, de certezas que sirvieron para llegar a Charleroi con un balance de 13 victorias en 16 partidos. Unas certezas que se quebraron cuando el rival impuso su físico y su determinación, y que no recuperó, hundido en un mar de dudas. «Nos faltó la suerte», reconocía Katsikaris. La suerte y la fe en sus propias opciones.

Suficiencia justo hasta la final. Decir que Uxue Bilbao Basket se paseó en la Eurocup hasta llegar a la cita del pasado día 13 es mentira. Ya su debut, ganado en la prórroga ante el Buducnost el pasado 7 de noviembre -un tiempo extra forzado por Vasileiadis a base de fallar un tiro libre, agarrar su propio rebote y anotar- dejó claro que las desconexiones iban a pagarse.

Con todo, los hombres de negro han sabido en todo momento, a excepción de los partidos jugados en Riga durante el Last 16 y en el partido de ida de cuartos de final ante el Ratiopharm Ulm, qué, cómo y hasta cuándo debían jugar para ganar. La victoria por 66-68 en la cancha del contestatario Buducnost cabe asociarla a la fuerza de los montenegrinos como locales. El 85-84 y el tumulto con Matt Walsh -que se cubrió de gloria en su twitter al término de la final, mostrando poca deportividad y menos cabeza- o la derrota por 83-85 ante el Nymburk al inicio del Last 16 obedecen más a una suficiencia mal entendida, a un punto de soberbia que viene de la vasta experiencia de la plana mayor de los hombres de negro.

Tanto la «finalísima» del Last 16 ante el Riga, resuelta por un Raül López escandalosamente bueno desde la defensa, o la remontada de cuartos de final frente al Ratiopharm Ulm, trajeron consigo la reacción unánime de los jugadores y técnicos rivales. «Bilbao Basket ha hecho valer su experiencia ante nosotros», reconocía Ramunas Butautas, técnico del VEF Riga, que llegó a tildar de «poco profesional» el comportamiento de su pupilo Kaspars Berzins, enzarzado hasta el público, mientras que no chistó sobre la más mínima reacción vizcaina.

Por debajo de sus números. Thorsten Liebenath, del Ratiopharm Ulm, se deshacía en elogios ante un Bilbao Basket que sobrevivió a la calidad de John Bryant y que destacaba «el enorme partido de Zisis, después de haber parado a Vasileiadis», hasta el punto de afirmar que «Uxue Bilbao Basket es el mejor equipo del torneo».

Pero en el momento de la verdad, el tino de los hombres de negro se desplomó. Hasta diez bandejas erradas, un 37% en el tiro de dos contra el 51% habitual; el desastroso 28,6% en el triple por el 34,3% en triples; en suma, 64 puntos en vez de los 80,82 de media que han jalonado la trayectoria bilbaina, llegando hasta el último escalón de un objetivo nombrado como «prioritario» y que ahora deviene en una decepción aún más dolorosa que la de la Copa.

Especialmente sangrante fue el naufragio del juego interior bilbaino. Maric, Brown y Hendrix sumaron 37 puntos y 21 rebotes y una valoración de 50; Hamilton, Rakovic, Hervelle y Moerman se quedaban en 25 puntos, 20 rechaces y 30 de valoración. Desde la primera jugada, un tapón de Hendrix a Mumbrú, la zona fue terreno vedado para los de Katsikaris, incapaces de hallar ventaja mediante en el juego de «dos contra dos» con los bases, ni con Grimau y Mumbrú al poste, ni con Moerman como «cuatro» abierto, ni con Mumbrú jugando de ala-pívot. En ese pantano se ahogaba Uxue Bilbao Basket.

Agradecimientos y preparación del futuro. En los ocho partidos de Eurocup jugados en el Bilbao Arena esta Eurocup, la asistencia media ha sido de 7.803 espectadores, con especial afluencia de público en los partidos ante Valencia Basket, VEF Riga, Ratiopharm-Ulm y Budivelnik Kiev, por no hablar del «éxodo» de más de dos mil espectadores que viajaron a Charleroi. De hecho, el técnico del conjunto ucraniano, Ainars Bagatskis, se mostraba admirado por la «atmósfera» de Miribilla.

«No pudo ser. Tuvimos oportunidades, pero no las aprovechamos y el Lokomotiv ha hecho un gran partido y ha ganado. Volvemos a Bilbo orgullosos, pero muy tristes por no haber podido ganar. Ahora toca trabajar y dentro de un mes tendremos otra oportunidad con el play off de la Liga ACB Endesa», culminaba el presidente Pedja Savovic. Ojalá sea así.

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