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ANáLISIs | retirada del proyecto presupuestario

Madrid y la UE relajan el déficit y dan otra voltereta a Urkullu

Los datos «frescos» que el lehendakari recibió en Bruselas se hicieron realidad ayer, quizá demasiado pronto, y ahora sí que todo invita a pensar que Lakua tenía decidido no negociar el presupuesto, que se aprobaba lo que presentaba o iba a la prórroga, que prefería la continuidad a un pacto político que lo marcara.

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Iñaki IRIONDO

Ten cuidado con lo que deseas, que se puede convertir en realidad». La frase atribuida a Oscar Wilde parece haber hecho esta semana el viaje Bruselas-Madrid-Gasteiz. El anuncio del Gobierno español de que eleva el techo de déficit autonómico al 1,2% y la inmediata reacción de la Comisión Europea calificando como «coherente» la decisión, acaba por convertir en un sainete la estrategia comunicativa del lehendakari, Iñigo Urkullu, con relación al presupuesto, al tiempo que deja en evidencia la posición del Gobierno autonómico con sus propias cuentas. La consigna de que la oposición estaba en «el no por el no» se vuelve ahora contra el Ejecutivo del PNV, desnudando que lo que ha pretendido en todo momento ha sido un acuerdo barato sobre el proyecto o la prórroga.

Los movimientos y los mensajes del lehendakari y su gobierno con relación al proyecto de presupuestos en esta semana son un despropósito. Arrancó el lunes con una nueva ronda de reuniones del consejero de Hacienda con los partidos, que pronto se supo que quedaba limitada a la cita de ese día con UPyD y la del martes con el PP. Dejaba fuera de estos encuentros a las dos fuerzas mayoritarias de la oposición. El miércoles, Iñigo Urkullu anunciaba desde Bruselas que en sus reuniones con líderes de la UE había obtenido nuevos datos «frescos y puntuales» sobre una posible relajación del déficit, por lo que convocaba de urgencia un Consejo de Gobierno en el que «se abordará la posibilidad de un nuevo proyecto de presupuestos que contemple las posibles decisiones que el Consejo Europeo adoptará a finales de mayo». Pero todo eso cambió de pronto el jueves. La cuestión del déficit pasaba a un segundo o tercer plano porque -en boca de Josu Erkoreka- es una «hipótesis que puede o no materializarse». Tampoco se contemplaba ya un nuevo proyecto. Y se culpaba de todo a la actitud de bloqueo de la oposición.

Sin embargo, ayer llegó el Gobierno español y, en una decisión que se ve que está coordinada con la Comisión Europea, oficializó la elevación del límite de déficit de las comunidades autonómicas del 0,7% al 1,2%, lo que confiere a la CAV una posibilidad de incremento de su capacidad de endeundamiento en 325 millones de euros. La decisión recibirá el visto bueno europeo el 29 de mayo, pero ya se ha anticipado el placet.

Esta secuencia hace pensar que Lakua tuvo noticia en Bruselas de las previsiones de las cifras, pero no de las fechas. Había decidido ya retirar los presupuestos para evitar el bochorno de ser el primer gobierno al que se los devuelve el Parlamento de Gasteiz. En la flexibilización del déficit creyó encontrar el miércoles una excusa para salir airoso de la situación y «ganar tiempo», como titulaba el grupo mediático próximo a Sabin Etxea. Era evidente que el cumplimiento de los plazos previstos impedía abordar un nuevo presupuesto para 2013, pero eso ya lo explicaría en junio. El brusco cambio de posición del jueves, dejando de lado el nuevo techo de gasto y centrándose en la crítica a la oposición, puede explicarse ahora en que ese día tuviera conocimiento de que el Gobierno español iba a anunciar ayer la elevación del límite -el deseo convertido en realidad, demasiado pronto- y necesitaba otra excusa porque no tuvo nunca intención alguna de reformular el presupuesto de 2013.

Resultó sumamente significativo que el lehendakari que el 12 de marzo decidió presentar él mismo los presupustos -«porque ante situaciones difíciles y graves, la sociedad debe recibir las explicaciones directamente de sus máximos representantes públicos»- y colgarse alguna medalla en Bruselas, rehuyera ser quien tras el Consejo de Gobierno urgente del jueves explicara las vicisitudes que había atravesado el proyecto presupuestario hasta su retirada para evitar una sonora derrota.

El movimiento de última hora de Madrid con el consentimiento de Bruselas ha dado otra voltereta a Iñigo Urkullu y ha desenmascarado la estrategia (no) negociadora de Lakua. El PNV no ha buscado en ningún momento un acuerdo serio con ninguno de los grupos de la oposición. Es cierto que no le iba a resultar fácil, pero es el riesgo que asumió cuando a lasprimeras de cambio decidió gobernar con minoría absoluta.

Un proceso negociador serio exige determinar desde un inicio quién es el socio con el que pretendes comprometerte y al que vas a comprometer, y establecer la red de complicidades suficientes hasta la consecuión del objetivo deseado.

Por contra, lo que el Gobierno de Urkullu ha hecho ha sido presentar a todos los partidos un proyecto prácticamente cerrado, con un diseño político-económico totalmente definido, y esperar a que alguno se sumara, a cambio de permitirle alterar algunos detalles y ofrecerle la posibilidad de que pudiera vender publicitariamente esas aportaciones anecdóticas como victorias de la sigla.

Entre la mayoría de los grupos de la oposición existe la conviccion de que el PNV se ha visto superado por su propia arrogancia. Que Sabin Etxea todavía no ha acertado a leer la nueva realidad política vasca y sigue creyéndose el sol a cuyo alrededor orbitan el resto de siglas, sin darse cuenta que han cambiado las fuerzas gravitatorias.

No solo entre jeltzales, sino también entre veteranos observadores y analistas, existía la convicción de que finalmente se iba a cumplir la vieja tradición de que el PSE acabaría llegando a un acuerdo con el PNV. Su esquema era el del chalaneo de colocaciones por presupuesto, vestido públicamente con el discurso del ejercicio de la responsabilidad. Pero ese dibujo no ha funcionado. Si el PSE hubiera aceptado apoyar un maquillaje del presupuesto, no había oferta suficiente que pudiera compensar todo lo que tenía para peder. Por contra, manteniéndose en su posición el PSE no tenía nada que perder, porque en su penuria institucional hay poco por donde agarrarle.

En este contexto, el PNV ha sustituido la posibilidad de la negociación por la presión a través de la guerrilla propagandística, práctica que incluye falsear la realidad. Joseba Egibar viene diciendo en los últimos días -y lo repitió ayer en Radio Euskadi- que desde un principio su partido ha buscado el acuerdo en dos cuestiones troncales, la estabilidad institucional y presupuestaria, por un lado, y los cambios en fiscalidad, por otro.

En la primera materia, el discurso del PNV se basa en que su posición es la de no impedir que cada institución tenga presupuestos. Pone como ejemplo que durante la legislatura de Patxi López siempre se abstuvieron pese a que no se les aprobaba ninguna de las enmiendas parciales que presentaban. Y que el año pasado se abstuvieron para permitir los presupuestos de Gipuzkoa.

Estas afirmaciones contrastan con la realidad. Es cierto que el PNV se abstuvo en las cuentas de López, tanto como que el PSE tenía ya una mayoría absoluta con el PP y el voto jeltzale era inútil en el Parlamento. Pero, además, en los primeros años PNV y PSOE suscribieron pactos por los que los jeltzales ayudaban a Zapatero en Madrid y el PSE garantizaba las cuentas de las tres diputaciones, todavía en manos del PNV. La abstención jeltzale para la aprobación de los presupuestos de Gipuzkoa en 2012 no fue fruto de la responsabilidad gratuita, sino de una negociación después de la presentación de una enmienda a la totalidad por parte de Markel Olano. Y, es más, en 2013 la Diputación de Araba tiene sus presupuestos prorrogados porque el PNV facilitó, con su abstención, la devolución de las cuentas de Javier de Andrés.

En materia de fiscalidad, Sabin Etxea ha intentado vender que PNV y PSE acercaban postuas en la recta final del debate presupuestario. Así titulaba «Deia» a cinco columnas su primera página del lunes y Joseba Egibar afirmó el jueves que las coincidencias llegaban a que faltaba poco para entrar en la concreción de los detalles y llevarlos a norma foral.

Sin embargo, tampoco esto es cierto. Según ha sabido este diario, la última reunión acabó «a gritos». No hay avances porque el PNV se niega a que la Hacienda de Bizkaia se interconecte con el resto en tiempo real como instrumento para luchar contra fraude fiscal. Una interconexión que la Diputación de Gipuzkoa que lideraba Markel Olano convenió con la Hacienda española, como es natural.

El propio Joseba Egibar dijo ayer en Radio Euskadi que no hay contactos desde Semana Santa, lo que atribuyó a que «alguien ha estado esperando a que transcurriera el tempus del Presupuesto para después seguir con fiscalidad». La culpa siempre de otros. Pero, además, estas palabras desmienten el titular de «Deia» arriba citado.

En estas semanas el Gobierno de Lakua no solo ha perdido sus presupuestos, sino también uno de los principales valores que atesoraba su lehendakari: el de la fiabilidad. Iñigo Urkullu ha sembrado muchas dudas sobre su capacidad de liderazgo y sobre el «saber hacer», que fue lema del PNV.

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