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Iñaki LEKUONA | Periodista

Mira quién salta

En Francia, como en el resto de Europa, el fenómeno de la extrema derecha nada a sus anchas en una piscina de sopa boba, cocida fuego lento por un sistema financiero que ha alimentado a las clases medias para desplumarlas y meterlas al horno con la complicidad de una clase política de carne corrupta que parece no buscar otra cosa que hincarle el diente al pastel. En ese caldo flotan todos los peligrosos ingredientes que empujan a los electores a agarrarse al salvavidas del nacionalismo xenófobo, del que tiran con fuerza partidos como el Frente Nacional de Marine Le Pen, sin hablar de los que se doran al amanecer en Grecia, Escandinavia, los Países Bajos, Austria o la propia Suiza.

En un año llegan las elecciones municipales en el hexágono y Marine Le Pen tiene la caña preparada para pescar aún más votos que en las pasadas legislativas y presidenciales con un mensaje aparentemente transparente como el de Francia para los franceses y con un símbolo patrio tan cinematográfico como Juana de Arco, santa por la gracia de la Iglesia y con baldosa propia en el calendario eclesial de la fama.

No es de extrañar, por tanto, que a la hija de Le Pen le haya dado por lanzarse al agua para darse un chapuzón de gloria ahora que tanto el PS como la UMP están hechos jirones. Solo que el salto, o la caída, que las circunstancias no están nada claras, lo ha realizado en la piscina vacía de su casa, con el resultado de un coxis fracturado y un honor magullado.

Ojalá fuera esta la metáfora de su futuro en política, pero visto que el agua nos llega al cuello, Marine Le Pen, como el resto de la ultraderecha, saldrá a flote para asaltar de nuevo.

 
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