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jesus valencia | educador social

¿Se habrán vuelto locos?

Dos misiles cargados con gas y lanzados desde zonas controladas por los mercenarios han sido el pretexto para apostar por la guerra de exterminio y arrinconar la necesaria Conferencia de Paz

Si fuera cierto lo que cuenta la OTAN, habría que concluir que los gobernantes sirios se han vuelto locos. Tiene sentido que un marino se arroje al océano cuando su barco está a punto de zozobrar, pero lanzarse a las aguas turbulentas cuando el barco resiste sus embestidas es un disparate que no tiene ni pies ni cabeza.

El pueblo sirio soporta una furibunda tempestad desde hace treinta meses. Sus logros, a lo largo de este tiempo, han sido costosos pero evidentes. A pesar de las rigurosas agresiones que sufre, ha conseguido mantener la cohesión interna y derrotar las numerosas estrategias que sus enemigos han ido utilizando contra él: permanentes campañas mediáticas de distorsión, concurridas alianzas internacionales de agresión, respaldo político a una desvertebrada oposición, incomprensibles resoluciones de condena y marginación, reclutamiento y financiación de miles de mercenarios, amplio abastecimiento armamentístico a todos los grupos insurgentes...

Desde el primer día de guerra, quedó claro que Siria haría frente a sus agresores. Pero ha sido este año, precisamente este año, cuando se ha demostrado capaz de invertir el giro de los acontecimientos. Ha conseguido desenmascarar a uno de sus enemigos más virulentos: el sionismo. Por tres veces, y en diferentes momentos de 2013, el Ejército israelí irrumpió sin tapujos en el escenario bélico; agresiones que no le han resultado gratuitas, ya que las defensas sirias derribaron dos de los sofisticados aviones atacantes. Otro de los agresores a los que Siria ha vapuleado este año ha sido Qatar. El Emirato -sponsor del F.C. Barcelona- invirtió en esta agresión imperialista 3.000 millones de dólares; ocupa hoy un lugar secundario en el escenario bélico, habiendo cedido su protagonismo a Arabia Saudí. El 7 de junio, el Ejército sirio consiguió reconquistar la estratégica ciudad de Al Quessir y cinco días más tarde daba por concluida y ganada la batalla de Damasco. Los desvertebrados grupos mercenarios se batían en retirada. A los vertebrados países occidentales que dirigen la guerra les sobrevino un ataque de nervios: modificación de agendas, reuniones urgentes, llamadas telefónicas continuas, revisión de acuerdos sobre entrega de armas a la oposición, discusiones y desacuerdos, presiones múltiples a Obama para que diera luz verde a la agresión militar directa, aceptación a regañadientes de una conferencia de paz...

Los acontecimientos se han precipitado a partir del 21 de agosto. Dos misiles cargados con gas y lanzados desde zonas controladas por los mercenarios han sido el pretexto para apostar por la guerra de exterminio y arrinconar la necesaria Conferencia de Paz. La OTAN ha desplegado un plan de agresión que tenía ultimado desde hace muchos meses y que, ante el fracaso de la oposición, lo consideraba inevitable. Flota en el aire una pegunta crucial: ¿Se han vuelto locos los sirios utilizando el gas? Lo lanzaron quienes piensan aprovecharse del lanzamiento. Los mercenarios que se batían en retirada celebran lo que se avecina. El pueblo sirio mira con angustia a un horizonte cargado de nubarrones.

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