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TESTIMONIO

Palestina en el corazón

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Iñaki URDANIBIA

No me corto ni un pelo en decirlo desde el inicio: estamos ante un libro necesario donde se dialoga sobre Palestina y sus desplazados habitantes en 1948. La conversación se desarrolla entre un superviviente de los campos de la muerte nacionalsocialistas, Stéphane Hessel, y un exiliado palestino, que cuando contaba con un añito su familia huyó a otro país... el suyo no existía y sigue sin hacerlo, al menos en los mapas oficiales y en los organismos internacionales. Es como si Palestina no tuviese palestinos, ya que está ocupada, en plena expansión territorial, por los usurpadores sionistas, contraviniendo las distintas resoluciones de la ONU, sobre la vuelta a los límites del tiempo de la guerra de los Seis Días, en 1967, y la libertad para que los palestinos empujados a los países vecinos puedan volver con absoluta libertad a su tierra.

El libro es un grito a favor del derecho al Derecho que asiste, o debe asistir, a los ninguneados palestinos.

Es indudable que los dos participantes saben sobradamente de lo que hablan, y naturalmente quien hace de presentador-introductor también. Uno, Stéphane Hessel, salvado de la horca de los campos de Buchenwald y Dora, fue, al finalizar la guerra, enviado por el gobierno de su país en la ONU participando en la redacción de la Declaración de los Derechos Humanos en 1948. Al mismo tiempo, se proclamaba la creación del Estado de Israel, decisión que en aquellos años le resultó inapelable y una necesidad de cara a subsanar los crimenes que habían padecido los judíos; es más, como él mismo señala, por aquel entonces nadie era consciente, al menos en los ambientes que frecuentaba, de la existencia de un pueblo palestino y es más, se juzgaba increíble que los árabes pusieran pegas a la creación del nuevo estado. El otro, Elías Sabar, cuyos padres hubieron de escapar, conoció desde niño el desarraigo. Profesor y estudioso en Líbano, se trasladó posteriormente a París en donde fundó, junto a otros, la prestigiosa «Revue d´Études Palestinnienes»; más tarde fue elegido para el parlamento palestino en el exterior, participando directamente en las negociaciones de paz. Farouk Mardam-Bey, que es, digámoslo así, el presentador, es el actual responsable de la revista que acabo de nombrar.

La conversación va avanzando, entre réplicas y puntualizaciones mutuas, por todos los mojones esenciales de la historia de Israel y su otra cara, la deconstrucción de la entidad palestina. Desde los tiempos anteriores a la constitución del Estado, los asentamientos judíos crecen, los distintos planes británicos (el Balfour) para la repartición del territorio y los desalojos de los habitantes que de allá no se habían movido; dos armas para ello: el dinero, y en caso de no vender las tierras, la fuerza. La declaración de la ONU en 1947 y la decisión unilateral al año siguiente de Ben Gurion. Dos guerras consecutivas y ampliación creciente de los territorios asignados por el organismo internacional nombrado. 1967, fecha clave en la ampliación, en base a la rapiña guerrera, del territorio israelí: los altos del Golán, Gaza y Cisjordania, y los asentamientos que contravenían los mandatos internacionales con el beneplácito del padrino americano, y la mirada hacia otro lado de los europeos.

El tono del rico y vivo diálogo muestra un acuerdo importante en lo que hace a la condena de las tropelías sionistas, los apoyos internacionales, por activa o por pasiva, a éstas, y el abandono del pueblo palestino que ha de mostrar en todo momento sus buenas intenciones y una paciencia enorme para aguantar todos los sabotajes a los pactos y a los planes de paz firmados. La lucha continua hace que el Estado de Israel no pueda usar engañosas caretas que disimulen sus ansias de poder, de exclusividad, de extensión colonialista, y hasta de apartheid no solo hacia los árabes, sino hasta entre los propios judíos dependiendo de su procedencia.

El futuro parece, afortunadamente, resultar favorable a la razón palestina frente a la fuerza israelita.

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