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CRíTICA cine

«La última nota» Piano, piano

Mikel INSAUSTI

Es una pena que no se hayan estrenado en nuestro mercado las anteriores películas de Denis Dercourt, las cuales aseguran un doble disfrute para quienes unen cinefilia y melomanía. Este profesor de conservatorio de música y cineasta habla de lo que mejor conoce, que es la dura vida del concertista. En su anterior «Mes enfants ne sont pas comme les autres» el actor Richard Berry encarnaba al padre de dos jóvenes virtuosos, el niño del piano y la niña del violonchelo, a los que sometía a una disciplina prusiana con tal de que prosperaran en el dominio instrumental, incluso obligándoles a renunciar a su respectivas vidas privadas. Los excesos de la dedicación musical a temprana edad daban lugar a un interesante drama familiar, tema que en «La última nota» sirve de nutritivo alimento a un thriller de suspense psicológico. La tensión del músico frente a una partitura difícil se presta en efecto a tal tratamiento, por la violencia contenida que se da en ese tipo de situaciones. Los momentos más cortantes de la película corresponden a la interpretación en formato de trío de una complicada composición atonal de Shostakovich, donde la sola presencia de la pasadora de páginas de la pianista, mencionada en el título original, crea un ambiente ciertamente cargado y cortante.

Las analogías entre «La última nota» y el cine de Chabrol resultan más que evidentes, en especial con su obra maestra «La ceremonia», que a su vez remitía al drama de Jean Genet «Las criadas». El móvil de la venganza social dentro de un marcado contexto de lucha de clases está ahí, porque la hija del carnicero tiene una cuenta pendiente con la pianista consagrada que arruinó su examen de ingreso en el conservatorio, dando al traste con su prometedora carrera de niña prodigio. Para ganarse la confianza de la que fuera culpable de su fracaso artístico la chica finge una actitud servil, pero cuando da un paso más y empieza a intimar con ella esa relación aparentemente sadomasoquista entre la mujer triunfadora y su supuesta admiradora remite al Fassbinder de «Las amargas lágrimas de Petra Von Kant». Sin embargo, la película en la que con mayor fijación se ha basado Dercourt no es europea, sino japonesa. Se trata de la sugestiva creación de Kon Ichikawa «La venganza de un actor», acerca de un intérprete de teatro kabuki que hace papeles de mujer y se sirve de ese transformismo para eliminar a todos cuanto culpa de la muerte de sus padres.

El revanchismo de «La última nota» es frío y calculado, lo que permite a Dercourt expresar esas ocultas pasiones agresivas de forma espaciada y bajo un férreo control. Un simple plano-detalle de la protagonista en su niñez cerrando la tapa del piano de golpe, con riesgo para los dedos de una de sus compañeras de clase aprobadas, basta a modo de advertencia sobre sus crueles tendencias competitivas. El resto lo pone la actuación de la prometedora actriz Déborah François, en un impecable trabajo que es todo finura y sutileza. Cada encuentro con la veterana Catherine Frot, insuperable en su rol de diva, supone un sofisticado juego de miradas y silencios, interrumpidos únicamente por la fuerza y el sonido de la respiración alterada.

El duelo entre ambas es sublime, por la elegancia maliciosa con que le destroza la vida la una a la otra, y por la contención narrativa que preside ese combate traicionero. «La última nota» es una pieza breve, sin grandes ambiciones, aunque sencilla y perfectamente interpretada en su estudiado desarrollo y perversa conclusión.

Ficha

Título original: «La tourneuse de pages».

Dctor.: Denis Dercourt.

Int.: Déborah François, Catherine Frot, Pascal Gregory, Clotilde Mollet, Jacques Bonnaffé, Xavier de Guillebon, Christine Citti, Antoine Martynclow, Julie Richalet, Martine Chevallier.

País: Estado francés, 2006.

Duración: 85 minutos.

Género: Thriller.

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