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El planeta rojo

«Aelita»

La vanguardista creación de Protazanov, que se adelantó a Fritz Lang y su «Metrópolis», debe ser reconsiderada, ya va siendo hora, como el verdadero nacimiento de la ciencia-ficción cinematográfica. Esta copia restaurada de la versión íntegra de dos horas y media, con el añadido de la banda sonora, nos devuelve el misterio de una película que estuvo a punto de perderse y quedar en el olvido, al igual que tantas otras realizadas por su autor, un maestro del que se conserva una mínima parte de su filmografía.

Con «Aelita» incorporó al realismo soviético de forma sorprendente las fantasías visuales de Mélies, así como el Art Decó o el constructivismo.

Los decorados y el vestuario eran futuristas y, vistos ocho décadas después, constituyen un legado imperecedero de modernidad. Fue la primera película en la que se pudo vislumbrar el devenir de la carrera espacial soviética, aunque desde una óptica muy marciana, más aún para la época del cine mudo.

«Aelita» nació como la adaptación visionaria de una novela publicada apenas dos años antes, que había sido escrita por Alexei Tolstoi, al parecer pariente lejano de Leon Tolstoi. Un ingeniero soviético era el único en interpretar unas emisiones de radio llegadas del espacio exterior, descubriendo que se trataba de una llamada de socorro lanzada desde Marte. La reina del planeta rojo es la autora del mensaje y consigue observar a su receptor en la tierra con un telescopio gigante, mientras intenta controlar a sus súbditos mediante televisiones. Pero no es más que una marioneta del poder, así que el ingeniero llegará a su rescate en una nave antecesora de los «sputnik» para hacer triunfar la revolución como ya ocurriera en la tierra en Octubre de 1917. Este extraño entramado de política-ficción puede chocar a los espectadores actuales, pero obliga a una comprensión del origen de las vanguardias a principios del pasado siglo.

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