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La Comisión Europea y la ampliación de la UE, en el punto de mira

Josu JUARISTI Director de GARA

El Consejo Europeo de Bruselas tendrá más consecuencias que las obvias derivadas del rechazo irlandés al Tratado de Lisboa. La cumbre fue tensa, agria en varias ocasiones, y el objetivo de algunos jefes de Estado y de Gobierno fue realmente esclarecedor. Ahora mismo, la Comisión Europea está en el punto de mira de varios estados (Francia e Italia entre ellos), y el escenario elegido para tratar de minar su legitimidad permite pronosticar que existe una intencionalidad que va más allá de la crítica puntual a la actuación del presidente de la Comisión y de uno de sus comisarios en relación al referéndum irlandés. La Comisión Europea (sea la de Barroso, la de Prodi o la de cualquiera que venga por detrás) molesta cada vez a más estados porque creen que les arrebata políticas y discurso, algo que debería ser defendido y asumido si esos socios comunitarios creyeran realmente en el interés general, en el acervo comunitario y en la idea de Europa, cuestiones que pregonan pero que, obviamente, no sienten ni comparten. Además, debería corresponder al Parlamento Europeo la labor de control del colegio de comisarios, no a los estados. Si éstos se arrogan esa tarea y deciden criticarla con tanta crudeza y en público es porque están tratando de debilitarla. Lo ocurrido en el Consejo Europeo de Bruselas no es sino una constatación -continuación- de lo registrado en la renegociación de la última reforma de los tratados, donde la Comisión Europea fue, cuando menos, zarandeada.

Pero Durao Barroso, Mandelson y compañía no han sido los únicos en ser colocados en el punto de mira. Algunos, nuevamente con Sarkozy a la cabeza (que anuncia una tormentosa presidencia del Consejo de Ministros de la Unión), han aprovechado la crisis suscitada por la consulta irlandesa para proclamar bien alto que sin el Tratado de Lisboa no aceptarán ningún nuevo proceso de ampliación. Una excusa. Croacia y, desde luego Turquía, habrán tomado buena nota de las palabras de Sarkozy.

Los líderes europeos son realmente cínicos. Tras el doble «no» francés y holandés, la Unión abrió un periodo de reflexión que únicamente sirvió para volver a redactar los principales elementos del texto rechazado en Francia y Holanda en el incomprensible e ininteligible texto de Lisboa, con el deliberado objetivo, además, de evitar toda consulta directa a los ciudadanos europeos. ¡Y luego se llevan las manos a la cabeza cuando a los únicos que se les pregunta dicen que no! Quienes han defendido en Bruselas que la UE debe seguir adelante con el Tratado de Lisboa porque ese texto hará más democrática a la Unión confunden el concepto de democracia. ¿Qué clase de democracia es la que sólo acepta el «sí» como único resultado admisible de un referéndum?

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