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Gara > Idatzia > Mundua 2006-03-24
Txente REKONDO(*)
El fracaso del lazo azul
Los resultados en Bielorrusia no deberian sorprender a nadie. Pese A los millonarios apoyos y maniobras desestabilizadoras impulsadas Por Occidente, la mayoria de la poblacion bielorrusa ha apostado por la continuidad del actual presidente, Alexander Lukashenko. Sus opositores ya habian asumido que sus posibilidades eran nulas.

Los candidatos opositores reconoc�an antes de los comicios su fracaso para hacerse con el triunfo por al escaso apoyo popular que �todav�a� ten�an. De ah� que esta cita deba interpretarse como el primer paso dentro de un gui�n elaborado fuera de Bielorrusia, probablemente en Vilnius, capital de Lituania, y centro de las maniobras extranjeras para derrocar a Lukashenko.

Quienes apostaban por un nuevo �cambio de r�gimen� al estilo de las llamadas revoluciones de colores de Serbia, Ucrania, Georgia o Kirguizist�n, han errado en sus predicciones. Probablemente, al igual que los candidatos opositores, han analizado y planificado una campa�a en torno a par�metros occidentales, alejados de la realidad de Bielorrusia. As�, tanto Milinkevich como Kazulin han mantenido un mensaje y una imagen acorde con un p�blico occidental, mientras que la poblaci�n bielorrusa no era objeto de mensajes en consonancia con sus demandas.

Ese desconocimiento u ocultamiento de la realidad del pa�s se ha contagiado tambi�n a muchos medios occidentales. Han obviado que en los �ltimos a�os, el salario medio ha aumentado considerablemente, han desde�ado el importante apoyo popular que tiene Lukashenko, sobre todo en las �reas rurales, y no han querido ver a una sociedad que mayoritariamente demanda continuar con la actual estabilidad econ�mica, que quiere seguir recibiendo sus pensiones sin demoras, mantener el actual acceso a la vivienda y que no desea ver a su pa�s inmerso en conflictos e inestabilidades sociales como los pa�ses vecinos.

Es cierto que el sistema actual que preside Lukashenko tiene importantes deficiencias, pero no alcanzar el �label democr�tico� occidental no debe convertirse en la excusa para acabar con �l, sobre todo si tras esa pantalla de declaraciones y demandas democr�ticas, los actores exteriores y sus aliados bielorrusos buscan un �cambio de r�gimen� que prime sus propios intereses y no los del pueblo bielorruso.

En los pr�ximos a�os, si las circunstancias y las presiones externas se lo permiten, Lukashenko continuar� con el desarrollo de los sectores p�blicos de la agricultura y la industria, al tiempo que mantendr� sus buenas relaciones econ�micas y pol�ticas con Mosc�.

Oposici�n

Los analistas se preguntan hasta cu�ndo podr�n mantener los l�deres opositores esa imagen de unidad. Las experiencias vecinas hacen prever que los intereses personales no tardan en aflorar cuando estos supuestos paladines de la democracia ven cerca el poder. Si a finales de 2005 los diferentes segmentos y coaliciones de la oposici�n fueron capaces de unirse en torno a un �solo candidato�, en buena parte debido a las presiones exteriores, tambi�n es cierto que en esa fotograf�a quedaron fuera algunas figuras como Andrei Klimov, Alexander Voitovich, Valeri Frolov o Sergei Skrebets que no dudar�n en maniobrar para lograr una mejor posici�n en el futuro.

Si el principal candidato de la oposici�n, Alexander Milinkevich, ha protagonizado los espacios en Occidente, no hay que olvidar la figura del otro Alexander, Kazulin, que puede ser la carta que guardan los actores extranjeros para un futuro a corto y medio plazo, a pesar de que sus resultados han sido los m�s pobres en las elecciones.

La b�squeda de apoyos entre la inteligentsia, la �lite urbana y algunos sectores estudiantiles, unida a una campa�a de marketing occidental, ha hecho que la oposici�n deje de lado inconscientemente los temas prioritarios para la mayor parte de la poblaci�n, cuyas prioridades eran m�s �materiales� en aspectos sociales y econ�micos.

Organizaciones como Khopits (basta) o Zubr (bisonte) han impulsado buena parte de las protestas intentando configurar un escenario similar al que vivieron las llamadas revoluciones de colores vecinas. Sin embargo, su escasa presencia fuera de la capital y su dependencia de los fondos extranjeros no les ha permitido canalizar sus deseos en la forma planeada. La llamada �revoluci�n del lazo azul� ha fracasado de momento.

La historia tampoco juega a favor de la oposici�n bielorrusa. Bajo el mismo gui�n que ahora, fracasaron en las elecciones presidenciales del 2001 y en el refer�ndum del 2004. Algo similar ocurre en torno a las manifestaciones populares, siendo la impotencia el rasgo fundamental a la hora de movilizar las supuestas protestas desde 1997. Los 15.000 manifestantes de ahora, a�n siendo una cifra relevante, no reflejan ni de lejos el sentir de la mayor parte de la poblaci�n. La falta de un liderazgo cre�ble ser�a la guinda que preside la incapacidad de la oposici�n para llevar adelante el tan ansiado �cambio de r�gimen� que buscan en Washington y en Bruselas..

La industria de la libertad

Si la oposici�n prima intereses particulares sobre los de la poblaci�n, otro tanto ocurre con los actores extranjeros. En este mundo unipolar, tanto la UE como la OTAN apuestan por asentar su propia hegemon�a en el continente. Para ello hay que frenar el auge ruso y en ese puzzle, Bielorrusia es una pieza clave.

Estados Unidos, por su parte, quiere mantener aliados firmes dentro de la UE que le permitan influir en su pol�tica, al tiempo que recela del auge ruso. Para ello ha encontrado en Polonia la marioneta ideal. Varsovia, al tiempo que defiende sus propios intereses, est� haciendo el trabajo sucio de Washington. Consciente de que su posicionamiento puede costarle caro, el gobierno polaco pretende influir en Bielorrusia para �asegurar sus intereses geoestrat�gicos y energ�ticos�. Algo parecido ocurre con los pa�ses b�lticos, Ucrania o la Rep�blica checa, que pretenden frenar cualquier alianza entre Minsk y Mosc�.

En diciembre pasado, se reunieron en Vilnius m�s de 50 representantes de exteriores y ONGs para �coordinar y repartirse los millones de d�lares� que prometieron EEUU, la UE y otras instituciones. Esta cumbre tuvo la desfachatez de autoproclamarse como �la industria de la libertad�, dejando claro cual es el inter�s que les mueve.

La presencia de manifestantes medi�ticos en las calles de Minsk ha servido para alimentar p�ginas y espacios en los medios de comunicaci�n occidentales, pero conforme pase el tiempo y la prioridad informativa se desplace a otros puntos del planeta, la presencia de esas protestas desaparecer� y entonces esos opositores tendr�n que hacer frente al duro invierno informativo.

Las presiones de la UE y EEUU no van a cesar, de momento el pulso mantenido parece que se decanta a favor de Bielorrusia, ya que la poblaci�n del pa�s ha entendido que el triunfo de la llamada oposici�n significar�a privatizar y desmantelar el sistema econ�mico y social actual, para abrir de par en par las puertas al modelo liberal y occidental, y los frutos que han visto en otros pa�ses no son de su agrado.

Rusia no se queda atr�s en este escenario, y no hay duda que desde Mosc� y otras capitales se seguir� con atenci�n tambi�n el devenir de Bielorrusia y de Ucrania, que celebra elecciones parlamentarias el 26 de marzo, y donde se puede escenificar un nuevo pulso entre todos los actores en escena. -

(*) Txente Rekondo: Gabinete Vasco de An�lisis Intenacional (GAIN).


 
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