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Gara > Idatzia > Iritzia > Txokotik 2007-01-02
I�aki Lekuona
El agua

El reto�o naci� all� no se sabe bien por qu�. Hac�a a�os que en aquella tierra, tan castigada como estaba, no crec�a un solo matojo. Pero de repente, una primavera, en aquel terreno que todos pensaban �rido, asomaron dos hojas, luego un t�mido tronco que apuntaba un futuro le�oso, m�s tarde brotes que alg�n d�a ser�an ramas.

Fue un acontecimiento. Porque en alguna ocasi�n en que pudo brotar de aquel suelo alg�n tallo de optimismo, al final acab� por marchitarse, por culpa de la dejadez. No era raro. La disputa entre los que se dec�an leg�timos habitantes de aquellas tierras y los que dec�an ser sus propietarios legales era secular. Los primeros recordaban a los padres de los padres de sus padres. Los segundos mostraban unos papeles seg�n los cuales hace quinientos a�os todo aquello comenz� a pertenecerles.

Y desde entonces la tierra sufri� el embate del viento de la discordia, el aguacero del rencor, la sequ�a de la indiferencia, el hielo del odio. La hierba dej� de crecer, los cultivos amarillearon y el suelo comenz� a resquebrajarse.

As� estaban las cosas cuando de aquel terreno est�ril surgi� el �rbol. Alguien hab�a sembrado una semilla. Tras a�os de disputas las partes enfrentadas accedieron a dejar crecer un v�stago de esperanza. Y durante un tiempo lleg� a parecer que podr�a prosperar. Pero el �rbol estanc� su desarrollo porque poco despu�s de nacer las partes volvieron a enfrentarse. Una de ellas, con los papeles legales en la mano, se neg� a mover un solo dedo en su cuidado. La otra, aun a riesgo de acabar con �l, le ha cortado una rama para demostrar que la savia no discurre bajo la corteza de esperanza.

En efecto, el �rbol est� mustio. En su momento le pidieron agua al propietario de los papeles, pero �ste asegur� que aquel �rbol no estaba marchit�ndose, y no movi� un dedo. Luego tuvo que reconocer que el �rbol atravesaba un momento delicado, pero sigui� sin mover un s�lo dedo. Al final, prometi� que en un a�o la cosa ir�a mejor, pero no anunci� una sola gota de agua.

El hacha que ha cortado la rama ha dejado patente que el �rbol est� reseco. Visto lo visto s�lo queda una soluci�n. Que aquellos que vivimos sobre esta tierra corramos a las calles a exigir nuestro agua, que nos movilicemos por conseguirla.Eso, o dejar que esta esperanza muera en un desierto de indiferencia y de �rida incompetencia. -


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