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Maite SOROA

El amejoramiento por bandera

Las mesnadas del Duque de Alba ya afilan las picas para reconquistar Nafarroa y ayer el eximio Jaime Ignacio del Burgo se disponía, en las páginas de «Diario de Navarra» a darles la bienvenida. Como hiciera en su día el traidor Conde de Lerín.

Ahora se trata de explicar las excelencias del régimen foral capitidisminuido y justificar la nueva andanada del Imperio. Del Burgo, especializado en manosear la historia hasta hacerla irreconocible, constataba ayer que «dicen los nacionalistas que el Amejoramiento no se refrendó y que por eso no tiene legitimidad democrática». Y en eso lleva más razón que un santo. El matiz lo estropea: «Quienes así se pronuncian son los que quisieron -y quieren- llevarnos a Euzkadi por la brava, con el respaldo del terror de ETA, y se resistieron -y se resisten- como gato panza arriba a aceptar que sólo el pueblo navarro es libre de su destino». Será por eso que no le preguntan...

Y para justificar lo injustificable se saca un conejo de la chistera: «Si no hubo referéndum no fue por miedo al pronunciamiento del pueblo sino porque ni el Amejoramiento es un Estatuto de autonomía, ni pretendíamos constituir una Comunidad Autónoma ni modificar el secular estatus de Navarra». El que modificó el «secular status de Nafarroa» fue el Duqe de Alba a las órdenes de los reyes españoles. No lo olvide Del Burgo.

Y a modo de corolario, nos cuenta el insigne castellanófilo que «al nacionalismo vasco le molesta que Navarra brille con luz propia en la España de las autonomías porque quieren verla uncida al carro de Euzkadi. Un día, Arzallus llegó a decir que el Amejoramiento fue una imposición del Ejército español para impedir la unidad de Euskal Herria. Todo antes que reconocer que Navarra posee un estatus especial fruto del pacto con el Estado español, que quedaría pulverizado si se produjera la anexión a Euzkadi para pasar a ser el furgón de cola de la Comunidad vasca. El Amejoramiento no fue una humillación para Navarra ni tampoco un Estatuto de tercera. La humillación sería que nuestro Parlamento y nuestro Gobierno quedaran sometidos a los dictados del Parlamento y del Gobierno vascos en todo aquello que nos atañe exclusivamente a los navarros». Lo de los militares, se ponga como se ponga Del Burgo, es cierto. Palabrita.

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