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El Ejército impone y, si se tercia, impide

La conmemoración de la Virgen del Carmen tiene una traducción festiva en muchas localidades del litoral vasco. Sin embargo, dos hechos, bien diferentes por cierto, marcaron ayer una celebración que reúne a muchos arrantzales de nuestro país. El incendio desatado en la cofradía de Ziburu vino a empañar la festividad de la patrona de las gentes de la mar. Un hecho fortuito que tendrá sin duda, implicaciones negativas para los arrantzales, ya castigados por la crisis del sector y por las carencias derivadas del mal estado de especies de las que ha dependido tradicionalmente la actividad de la pesquería vasca, como la captura de la anchoa. Menos fortuito es otro hecho que, no de manera precisamente accidental, se repite cada 16 de julio. En este caso, hablamos de desfiles militares como el que ayer recorrió las calles de Donostia.

En plena tormenta de reacciones tras el artículo hecho público por el presidente del EBB y toda vez que el título de ese escrito, en el que se argumenta sobre la inconveniencia de preguntar a (una parte de) los vascos sobre su futuro, es «No imponer, no impedir», no está de más recordar que el Ejército, en este caso el español, es un factor de imposición que, por atribución constitucional, está llamado a impedir toda amenaza a la «unidad de España». ¿Su presencia afecta en algo a la agenda política del PNV?

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