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CRÓNICA | EN LOS PASILLOS

Chivite saluda, Jiménez toma apuntes y Lizarbe va por libre

Miguel Sanz Sesma va a volver a ser presidente y debería ser protagonista, pero los periodistas que provocan un llenazo histórico en el Parlamento navarro sólo tienen ojos para otras doce personas. O más bien doce más uno. Ese uno es el secretario general del PSN.

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Ramón SOLA

Mientras en la escalinata Sanz estrecha la mano de sus compañeros y besa a las parlamentarias de UPN que van llegando, abajo, en el vestíbulo, Carlos Chivite espera pacientemente. Cuando Sanz por fin baja, Chivite aprieta sus manos con notable efusividad. Es el único que lo hace. Los fotógrafos tienen la primera gran imagen del día. Y no parece precisamente la de un PSN decidido a hacer oposición.

Ya dentro del salón de plenos, cada uno saluda a los suyos, pero llama la atención la afabilidad con que algunos representantes de UPN se acercan a saludar a los del PSN. La consejera de Bienestar Social y número dos de la lista de Sanz, Maribel García Malo, bromea con José Luis Izco, uno de los soportes de Chivite. Otros componentes del gabinete de Sanz cruzan risas con Samuel Caro, secretario de Organización del PSN. Y el jefe del grupo de UPN, Carlos García Adanero, con el nuevo portavoz del PSN, Roberto Jiménez. A todo esto, el posible líder de los críticos con la orden de Ferraz, Juan José Lizarbe, mira al techo. No está para saludos, ni mucho menos para bromas.

Elena Torres da paso a Sanz. Llama la atención la aplicación con que los parlamentarios del PSN toman apuntes del discurso, como si la réplica se fuera a preparar entre todos. Sólo Izco y María Gracia Iribarren no se toman ese trabajo. Pero el más concentrado está en la tribuna. Chivite no pierde detalle. El trabajo tampoco les resultará muy arduo: el discurso no sólo resulta previsible, sino también corto y sencillo. El líder del PSN, eso sí, evita gestos. Más relajados están en NaBai: Maiorga Ramírez y Patxi Zabaleta ríen cuando Sanz afirma que la dialéctica en este parlamento no es derecha-izquierda sino constitucionalistas-no constitucionalistas.

Cuando la intervención de Sanz toca a su fin, las cámaras se reparten entre el candidato y los bancos del PSN. Es hora de constatar cómo están las relaciones internas en el grupo. Chivite baja rápido de la tribuna, con sus notas en la mano, e improvisa una mini-reunión con Roberto Jiménez, el nuevo portavoz, Caro y Felones. Conforman el núcleo duro encargado de ejecutar la decisión de dar el Gobierno a UPN. Mientras Chivite ilustra a Jiménez sobre qué decir a los medios, Lizarbe da la espalda y se aleja.

Chivite no quiere hacer declaraciones. «A Roberto, a Roberto», indica a los medios. El secretario general hablará por boca de Jiménez. Cuando sale del hemiciclo, Chivite no se saluda con Lizarbe, que habla por el móvil y va a su aire, sin importarle darle imagen de soledad, enigmática soledad. A su lado pasa Txentxo Jiménez. El coordinador de Aralar le lanza una broma que suena a guiño de complicidad.

En ese cruce de caminos y de gestos a interpretar, Chivite se acerca luego a Jiménez, justo en el mismo punto en que hora y media antes ha saludado a Sanz, y trata de trasladar ahora a las cámaras un mensaje de proximidad a Nafarroa Bai, dándole unas palmadas en la espalda en ese genuino estilo campechano que gasta Chivite. Pero cuando la conversación entra en harina, los rostros, sobre todo el de Txentxo Jiménez, se van endureciendo, casi crispando.

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