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«Tener en tus manos una música que nunca antes se ha tocado es un privilegio»

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Alberto rosado

pianista

El Ciclo de Música Contemporánea de la Quincena llega hoy a su fin con un recital del pianista Alberto Rosado, que ofrecerá obras de Escudero y López-López junto a otras de compositores internacionalmente conocidos, como Ligeti y Berio. El recital tendrá lugar en la sala Club del Victoria Eugenia a las 18.00, dos horas antes de que actúe otro gran pianista, Christian Zacharias.

Mikel CHAMIZO | DONOSTIA

Alberto Rosado, nacido en Salamanca, es uno de los poquísimos pianistas del Estado español que se dedican con asidui- dad a la música contemporánea, repertorio con el que ha obtenido renombre internacional y del que ha grabado varios discos.

¿Qué peculiaridades presenta el programa que ha escogido para su recital de hoy?

El programa gira en torno a cuatro compositores muy relevantes, dos en un plano internacional, conocidos en todo el mun- do, como son Ligeti y Berio, y otros dos, Escudero y López-López, muy importantes en la música española. En el caso de Ligeti se trata de los «Estudios», una obra de referencia para cualquier pianista actual, esté interesado o no en la música contemporánea. Como toda la pro- ducción del último Ligeti, se trata de una música que se digiere muy bien, que atrapa enseguida y que tiene una fuerza increíble gracias a una combinación de ritmos africanos, de jazz, de músicas húngaras y búlgaras... es decir, algo que puede gustar a cualquiera, independientemente de que esté interesado o no en la música contemporánea. El otro compositor básico en la música del siglo XX es Luciano Berio, de quien tocaré «los cuatro pianos», «Piano de Agua», «Piano de Tierra», «Piano de Aire» y «Piano de Fuego», compuestos en épocas diferentes de la vida de Berio y en los que se puede apreciar su transición desde el estilo casi tonal de sus inicios hasta su última música ya totalmente integrada en el lenguaje contemporáneo.

¿Y en cuento a «Tonemas», la obra de Escudero?

Yo no la conocía, me la propuso Ramón Lazkano, y la verdad es que es una pieza espectacular para abrir un concierto, muy virtuosa y brillante, en la que hay desde guiños a Turina a ritmos de zortziko, con toques entre bartokianos y jazzísticos. Por último, la de López-López, que se estrenó hace muy poco, es una obra inicialmente pensada como música para piano y orquesta, y su peculiaridad es que, además del pianista, necesita otra persona que manipule las cuerdas del piano, que golpee con baquetas de metal, etcétera. En cualquier caso, se trata de cuatro obras que, entre comillas, no son nada contemporáneas, en el sentido en que todas ellas son muy agradables y fáciles de escuchar, pero, ante todo, están repletas de belleza.

Usted es uno de los poquísimos pianistas de todo el Estado español especializados en repertorio contemporáneo, aunque su formación, viendo su trayectoria, fue bastante tradicional. ¿En qué momento decidió orientar su trabajo hacia las músicas de creación?

En realidad, a mí no me gusta decir que estoy especializado en música contemporánea, porque también sigo tocando el repertorio clásico. Sin embargo, la música contemporánea siempre ha sido importantísima para mí, y, como en España hay tan pocos pianistas que tocan este repertorio, a mí se me han encasillado como especialista, algo que no hubiese ocurrido seguramente en otros países europeos. En cualquier caso, para mí es un privilegio tener la oportunidad de dar a conocer lo que se está haciendo ahora, lo más reciente, lo verdaderamente nuevo.

En las últimas décadas, los compositores han ido otrogando una relevancia cada vez mayor al aspecto tímbrico en sus músicas. Puede parecer que el piano, en su capacidad para producir timbres variados, es un instrumento un tanto limitado. ¿Los grandes compositores siguen escribiendo música con asiduidad para piano?

Es cierto que el piano a priori puede parecer un tanto limitado en el aspecto tímbrico. Sin embargo, un compositor como Lachenmann, que es uno de los que más ha escrito últimamente para piano, ha explotado fantásticamente todos los recursos tímbricos, que son muchísimos y que te dan una visión del piano completamente diferente. De hecho, desde Henry Cowell, el hecho de tocar el piano va mucho más allá de sencillamente pulsar las teclas, también se trabaja sobre las cuerdas, sobre la caja de resonancia... Y, además, los compositores no solamente están trabajando por el camino del timbre. La modalidad está volviendo a invadir parte de la composición una vez más, y el piano siempre parece que está ahí para adaptarse a las distintas visiones de cada uno de los compositores. En el siglo XX, por lo menos, ha sido el instrumento para el que más se ha escrito. No sé qué pasará en el XXI. Si las nuevas tecnologías se imponen y hay que pasarse a los teclados, yo me apunto.

Es que parece que usted se apunta a un bombardeo...

Yo, sí, sin duda. Me apasiona lo nuevo, me apasiona descubrir cosas. Los pianistas estamos acostumbrados, por ejemplo, a las sonatas de Beethoven, que se han tocado millones de veces en todo el mundo, y muchos no se dan cuenta de que es un privilegio tener en tus manos una música que sólo se ha tocado dos, diez o incluso cien veces. Mi camino personal, al menos, va por ahí, y, en ese sentido, la verdad es que es muy satisfactorio poder aportar tu granito de arena, aunque sea minúsculo.

 
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