GARA > Idatzia > Mundua

ANÁLISIS |Primera etapa

Cien días de Gobierno compartido en el norte de Irlanda

 Ni los más optimistas esperaban unos primeros cien días de Gobierno compartido en el norte de Irlanda como los vividos. Más allá de las históricas fotografías de los dirigentes de DUP y Sinn Féin, posando juntos relajados y sonrientes, ambas formaciones han demostrado ser capaces de trabajar juntas en el día a día.

p030_f01148x128.jpg

Txente REKONDO Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)

El autor valora de forma positiva la actuación conjunta de DUP y Sinn Féin en sus primeros cien días de Gobierno, pese a mantener posturas opuestas en cuestiones fundamentales, y recuerda que queda mucho por hacer para acercar a ambas comunidades y apuntalar el proceso de paz.

Una reciente encuesta señalaba que tanto Ian Paisley como Martin McGuinness recibían una alta calificación, y llamaba poderosamente la atención que dicha nota no procedía únicamente de los seguidores de cada uno de ellos, sino que la recibían de ambas comunidades. Es cierto también que los detractores de la fórmula actual de Gobierno compartido no cejarán en sus intentos por acabar con esa iniciativa, pero, de momento, no han logrado sus propósitos.

Los ejemplos sobre la buena actuación conjunta de los ministros del Ejecutivo se han sucedido durante estos cien días. La revisión sobre las tasas del agua, algo en lo que coinciden unionistas y republicanos, y donde llama la atención, aunque sea de manera anecdótica, la postura del DUP, ya que esta formación no ha tenido ningún reparo para aplicar una política diferente a la de Gran Bretaña en los seis condados, rompiendo indirectamente esa imagen «de unidad indisoluble» que tanto pregonan los dirigentes unionistas.

El aumento del salario de las enfermeras, las ayudas tras las recientes inundaciones y la cooperación «norte-sur» son algunas otras de las pruebas del acierto administrativo de ese Gobierno. No obstante, este periodo, que algunos han definido como «luna de miel», a pesar de que preferirían que hubiese sido de «hiel», va a tener que afrontar dentro de poco algunos retos muy importantes de carácter administrativo. Gerry Adams señalaba que «hacer frente a la desigualdad económica y al sectarismo debe ser prioritario», como lo debe ser también acabar con la tasa de suicidios entre los sectores más jóvenes de la población en los seis condados.

La firma del Acta de la Lengua Irlandesa, el futuro de la antigua cárcel de Maze (estadio o Centro Internacional para la Transformación de Conflictos), la selección académica, la financiación de los servicios públicos, la división administrativa y, sobre todo, la transferencia de plenos poderes sobre Justicia y Policía, son temas de calado sobre los que DUP y Sinn Féin mantienen posturas encontradas.

Pero probablemente sean los obstáculos de marcado contenido político los que más cueste sortear. Varios factores en torno al DUP y su futuro pueden desnivelar la balanza hacia un lado u otro. Desde que el partido de Ian Paisley logró la posición hegemónica dentro del unionismo, el derrotado UUP no ha cesado de luchar para recuperar su liderazgo, aunque los resultados no han sido los deseados. De ahí que haya voces que apuesten por la formación de un nuevo partido político que aglutine a las dos formaciones unionistas mayoritarias, una especie de Partido Unionista «a secas».

Ian Paisley no quiere ni oír hablar de esa opción, es más, sigue buscando derrotar definitivamente a su histórico rival. Y aquí entra en escena también el futuro del dirigente unionista, que debido a su elevada edad no puede permanecer mucho tiempo más al frente del partido. Y entonces, tras su marcha, las luchas internas pueden asomar y llevar a una fragmentación del DUP. De hecho, se han oído algunas voces críticas del entorno de agrupaciones religiosas, de antiguos miembros de la Policía o de sus familiares, que no ven con buenos ojos este Gobierno conjunto con el Sinn Féin.

La normalización política parece que sigue su curso, pero eso no es óbice para señalar la existencia de situaciones ligadas al pasado no muy lejano y que enturbian, en cierta manera, las descripciones optimistas de la situación. La necesidad de investigar la relación de las fuerzas británicas con los grupos paramilitares lealistas en su acoso a la comunidad nacionalista, los desfiles y provocaciones que éstos generan, los intentos de reclutamiento por parte de la Policía de «colaboradores y soplones», o los conflictos generados por grupos como la UDA que lejos de abandonar las armas hacen uso de ellas para seguir ejerciendo acciones mafiosas y de extorsión.

Si el IRA ya puso sus armas «fuera de uso» es el momento para que las organizaciones lealistas hagan lo propio, y también para que la clase política unionista muestre públicamente la misma firmeza en ese sentido que la que mantuvieron en el pasado ante el movimiento republicano.

El comienzo del nuevo curso político puede verse afectado, además, por otros dos acontecimientos. Por un lado, están las amenazas de un diputado del DUP que, valiéndose de su inmunidad parlamentaria, pretende anunciar el nombre de un alto cargo del Sinn Féin que habría colaborado con los británicos. La tormenta política que puede seguir a ese anuncio puede ser importante, como lo es el momento elegido para hacerlo, cuando la campaña del movimiento republicano para esclarecer la «colaboración entre británicos y lealistas» está en su cénit y cuando el balance del Gobierno compartido es positivo.

Por otro lado, está la posibilidad de que el nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, adelante las elecciones parlamentarias para el próximo otoño, aprovechando las buenas perspectivas que le dan las encuestas a su partido y, sobre todo, colocando a los conservadores en una delicada situación. De confirmarse ese adelanto, las incidencias del mismo sobre la situación en los seis condados son más que evidentes. Y, probablemente, los partidos políticos tengan que dejar de lado su labor gubernamental para centrarse en una nueva campaña electoral, y eso puede ser en cierto punto perjudicial para la experiencia puesta en marcha hace cien días.

Los avances del proceso de paz y las transformaciones del complejo teatro político y social del norte de Irlanda son evidentes. Por ello, podemos hablar de una lectura más positiva que negativa de estos cien días de Gobierno compartido, pero todavía queda mucho camino por recorrer, y si se hace de forma conjunta el acercamiento entre las dos comunidades será más palpable y el proceso de paz podrá llegar a buen puerto.

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo