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ZINEMALDIA

Richard Gere se enfrenta a sus canas y promete «seguir trabajando»

A pesar de las canas que para muchos y muchas le hacen más atractivo aún, Richard Gere reivindicó ayer su juventud y prometió «seguir trabajando mucho tiempo». Aunque Sean Penn le lleva la delantera en este aspecto, parece que el hecho de que el Premio Donostia sea un tributo a toda una carrera le obligó a hacer esa declaración de intenciones. La entrega estuvo acompañada por la proyección de «Hoax», una cinta que cosechó tibios aplausos entre los periodistas.

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Haritz RODRIGUEZ | DONOSTIA

Estafa, farsa, engaño... así es como se titula la película que se proyectó ayer por la tarde, en pase de prensa, en el Antzoki Zaharra donostiarra: «Hoax». Dirigida por Lasse Hallström, su principal protagonista es Richard Gere, que con su simpatía hizo las delicias de admiradores y admiradoras en la rueda de prensa que concedió tras la proyección.

El filme, basado en «hechos reales», cuenta la historia de dos escritores que, frustados por el escaso éxito de sus trabajos y el poco interés que despiertan sus libros entre las grandes editoriales, deciden dar un golpe, pero en plan literario.

Para ello, se inventan, no sin acierto, la vida y milagros del excéntrico empresario Howard Hughes y se la venden a una importante y prestigiosa editora como si fuera una biografía autorizada. Según se dice en la propia película, aquella farsa urdida por el escritor Clifford Irving llegó incluso a precipitar el escándalo Watergate, que salpicó directamente al presidente de los EEUU Richard Nixon. La cinta cosechó tibios aplausos por parte de algunos periodistas presentes en el pase. Lo cierto es que, aunque la historia se prestaba a una trama inquietante, el desarrollo y el final de la película no cumplieron con las expectativas.

La llegada de este galán que todos recordarán por el filme «Pretty Woman», entre otros, ya suscitó la expectación de cientos de personas que esperaron su llegada a las puertas del hotel María Cristina, bien entrada la madrugada del sábado. Pero la admiración que algunos sienten por esta figura de la cinematografía hollywoodense no sólo se palpó en la calle. La agitación quedó también patente entre los numerosos periodistas, cámaras y fotógrafos que abarrotaron la sala de prensa del Kursaal. Tanto, que nada más comenzar la conferencia el propio Gere se levantó de su silla para abrazar a una de las periodistas que le formuló una de las primeras preguntas.

Puede que por el estilo periodístico que desarrollan algunos programas de televisión, en ocasiones pareció que los protagonistas eran los profesionales de los medios de comunicación más que el propio Gere. Alguno, incluso, aireó las críticas de sus colegas de profesión, y tuvo que escuchar algún silvido que otro... A la vista de que el primer abrazó despertó las envidias de unas y otros, Gere no tuvo otro remedio que declinar las ofertas de varios supuestos «preguntadores», ante el presagio de que tendría que fundirse en un abrazo colectivo.

La juventud de unas canas

Al margen de las anécdotas, la verdad es que se habló bien poco de su trabajo y de la película en cuestión... Nada más comenzar la rueda de prensa, Gere admitió no tener «ni idea» de lo que iba a decir una vez recibido el Premio Donostia, y animó a los presentes a que le hicieran alguna sugerencia. «¿Qué es lo que se siente?», fue la pregunta tan obligada como recurrente a la que tuvo que contestar primero. Ante la evidencia de que se trata de un actor muy joven para recibir un premio que presume de homenajear a toda una carrera, Gere no dudo en recordar a las personas que han recibido el galardón antes que él. «Yo también pienso que soy demasiado joven para recibir el premio», respondió pese a las canas que, según entendidos y entendidas, le hacen más interesante. «Estaré totalmente disponible para recoger otro dentro de veinte años», apostilló.

«Se trata de la 55ª edición», recordó, no sin antes consultarlo, y aunque la sala estaba presidida por un enorme cartel de Zinemaldia. «Al repasar los extraordinarios talentos que han recibido el premio, recuerdo cuando era niño y acudía a una sala de mi pueblo con una bolsa de palomitas. Son los mismos actores que me gustaban de chaval. Llevo casi 40 años como actor. Que me consideren en la misma estratosfera que a aquellos actores me hace sentirme muy humilde, mostrar toda mi gratitud», enfatizó.

Cuando una de las trabajadoras del festival le acercó un té verde al estrado, Richard Gere bromeó con el público y pidió ayuda para preparar la infusión como es debido... Y es que durante toda la presentación, que duró cerca de una hora, se mostró muy simpático y accesible, demostrando el gran carisma con el que cuenta. «No me veo como algo especial, soy una extensión de todos ustedes. Al igual que ustedes son una extensión de mí», dijo, místico, para terminar de encandilar al personal.

La situación del Tibet, los Juegos Olímpicos de Beijing (por celebrarse en el país que oprime a los tibetanos), la película «Chicago» y su pasado en Broadway fueron algunos de los temas que tuvo que tratar. Tras recordar sus viajes a Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala durante la década de los ochenta, dejó entrever un apoyo velado a los revolucionarios sudamericanos de la época, y criticó a su país por el soporte que concedió a los escuadrones de la muerte.

Y finalmente fue preguntado por la película que, en principio, debían haber visto todos los que estaban en la sala de prensa. Aunque eso parece imposible, ya que había más gente en el Kursaal que durante la proyección. Respecto a «Hoax», Gere contestó que «todos estamos en la zona gris. Nadie es totalmente negativo o positivo. La película cuenta que todos mentimos y profundiza en la conexión que existe entre las pequeñas y las grandes mentiras. En el escándalo Watergate, en Vietnam o en Irak... las mentiras nos han metido en las guerras, quizás en todas la guerras. Cuando mentimos, cometemos la misma irresponsabilidad que cometió Bush para entrar en Irak. También el anterior Gobierno».

Quedó patente que cada periodista, una vez que le fuera concedido el micrófono, quería formular más de una pregunta a la vez. Algunos, hasta cuatro seguidas en un turno. Y a Richard Gere le costó memorizarlas todas puesto que llegó, aunque puntualmente, afectado por el jet lag: «No me lo tengan en cuenta».

PREMIO DONOSTIA

«Soy demasiado joven para recibir este premio. Este no es el fin, prometo seguir trabajando durante mucho tiempo».

«El cine era mi conexión con el mundo»

Richard Gere se deshizo en halagos hacia el Zinemaldia y los presentes en la entrega nada más recibir el Premio Donostia en el Kursaal. Al parecer, el disurso que esbozó espontáneamente durante la rueda de prensa precedente le sirvió de guión, y mantuvo el mismo esquema. La gala, dirigida por Edurne Ormazabal, repasó, como es habitual, el trabajo del galardonado, y también de sus antecesores. Quizá por ello, Gere volvió a recordar la historia del pequeño cine de su pueblo natal que, «junto con la televisión, era mi conexión con el mundo». El actor debió ver por primera vez en aquella sala las caras de muchos de los actores que ayer volvieron a proyectarse en la pantalla. Por eso, el evento se le hizo «surrealista». Premio en mano, el actor se llevó una gran ovación, y llegó a echar una rodilla al suelo en señal de agradecimiento, lo que hizo que el público se levantara y se fundiera en un aplauso. Reivindicó «la simbiosis entre el actor y el público. Son universos interconectados», aseguró. «Os quiero mucho por darme este premio. Este no es el fin, os prometo seguir trabajando», añádió. Con Donostia dijo haber sentido «una profunda conexión», aunque al final vocalizó un simple «gracias»... Ni «kaixo» ni «agur». Eso sí, al final salió fuera a saludar a la gente.

H.R.

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