GARA > Idatzia > Gaurkoa

José Luis Orella Unzué Catedrático senior de Universidad

Identidad

Entendida la identidad como el conjunto de circunstancias que hace que una persona pertenezca a un grupo «y que valore quién se adecua a las exigencias del mismo», el catedrático José Luis Orella estima que se deben asumir con naturalidad las identidades, cuyos valores son la búsqueda de la verdad, el desarrollo de sus miembros y la promoción de la cultura, la democracia, la igualdad y la justicia.

Hay en los ciudadanos una verdadera alergia tanto a definirse como a señalar su propia identidad. Cuando se habla con los de la cuadrilla pocos se atreven a decir abiertamente a qué partido político votan, si son miembros de una iglesia y aun si son socios de un equipo de fútbol. La gente dice pasar olímpicamente de todo, a no ser del cobro de la nómina mensual (sin decir nunca el monto de la misma) o de los proyectos de viajes, ya sean de verano o de los distintos puentes del año.

Por el contrario, lo más común es afirmar que uno es apolítico, que pasa olímpicamente de las disputas entre partidos, que no le interesan los temas sindicales o sociales, que él no opina sobre el tema de emigración, de ética social o de corrupción política.

Es decir, a los ciudadanos no les importa dejar en ridículo a los filósofos clásicos cuando decían que todos somos políticos. Y el caso es que nadie deja de ser político en el sentido sano y clásico de la palabra. E igualmente que cada uno de nosotros pertenece a una o varias identidades superpuestas. Y finalmente que nuestro nivel de xenofobia se hará visible en los impedimentos que ponemos a que los inmigrantes entren a formar parte de nuestras identidades.

Porque el tema de la identidad no sólo interesa a los autóctonos, sino también a los inmigrantes recién llegados a una sociedad y considerados como miembros de ésta a raíz del mismo contrato de trabajo.

Se entiende por identidad al conjunto de elementos, caracteres y circunstancias propias de un grupo de personas que lo constituyen y lo hacen distinto de los otros grupos. Es decir, es el conjunto de repertorios culturales compartidos por la comunidad, a partir de los cuales se define a sí misma, orienta sus acciones y otorga sentido a sus prácticas cotidianas. O, en otras palabras, es el conjunto de circunstancias que determinan el que una persona pertenezca a este grupo y que valore con detalle quién se adecua a las exigencias del mismo conjunto.

Cuando hablamos de grupo, el sentido es muy amplio y puede referirse tanto a un estado, una nación, una entidad bancaria, una cooperativa, una asociación de vecinos, un partido político, una institución deportiva o universitaria.

Para formar parte de una identidad no basta con ser un miembro contratado de esa empresa de trabajo o pagar la cuota establecida, sino que se trata de un proceso social de asimilación y de integración por el que se conocen y se comparten los valores, la historia, las tradiciones, los símbolos, las aspiraciones, las prácticas cotidianas y los compromisos sociales de la misma empresa, sociedad, partido o grupo social.

Se trata de conocer y de reconocer, de asimilar y de colaborar en la conformación de aquello que les identifica y les distingue de los otros grupos o conjuntos. Por ejemplo, la pertenencia a una nación, a una sociedad gastronómica o a una tamborrada.

Hay tres niveles de identidad: 1) el simbólico, externo o folclórico, que lo forman aquellos símbolos institucionales heredados que se asumen como propios, ya sean edificios, himnos, escudos, lemas, monumentos y aun fechas notables de celebración de la vida del conjunto; 2) el de conciencia o asunción voluntaria del significado de los símbolos, de los fines y de los compromisos sociales; y 3) el de la acogida social que los otros miembros del conjunto proporcionan a los nuevos miembros en un proceso de interacción.

Se trata de un proceso psicosocial bifronte por el que uno se vincula y asimila activamente en las características y especificidades propias del grupo y, por otra parte, por la recepción activa por la que el recién llegado se ve acogido en el mismo grupo. Durante este proceso se tiene plena conciencia de ser miembro integrante de esa comunidad porque se siente, se participa y se está vinculado activamente a las acciones y valores comunes.

El fruto de estos tres niveles de identidad da como resultado la lealtad a los valores compartidos del grupo, el respeto, agradecimiento, orgullo y responsabilidad de su pertenencia. De estas premisas se deriva una contribución activa al crecimiento institucional del mismo grupo al que se siente uno mismo perteneciente. Y esta pertenencia conlleva el realizar acciones que promuevan los valores de la institución o grupo y el compromiso de cumplimiento de la ética institucional de esa agrupación.

La identidad una vez asumida por sus miembros puede ser desarrollada por medio del conocimiento de sus postulados, principios y creencias. Un medio de crecimiento es la promoción y rescate de los hechos históricos, las tradiciones y el anecdotario de la misma institución. Otro medio es la preservación, el rescate y la divulgación de los valores, la filosofía y los postulados que comportan la vida de esa entidad. En tercer lugar un medio de desarrollo del conjunto social es el estudio de la presencia de la institución en el entorno social y político. Del mismo modo se desarrolla la identidad de la institución respetando los anteriores y aun generando nuevos símbolos del propio conjunto. También se desarrolla la institución promoviendo el reencuentro de los actuales miembros con sus antiguos y de este modo insertando a dicha institución en el ámbito social y político del entorno. Por último, también se desarrolla la institución dialogando con las entidades, instituciones y conjuntos afines, valorando y viendo la necesidad del respeto a cada uno de ellos, porque todos conforman la sociedad ciudadana.

Los valores de toda identidad que se precie son la ciencia o búsqueda de la verdad, el humanismo o el desarrollo integral del ser ciudadano de cada uno de sus miembros, la promoción preeminente de la cultura, de la igualdad, de la democracia y de la justicia y la inserción en un mundo mayor que la propia institución o identidad.

Como fundamento de todas estas acciones es valor primordial el ejercicio de la libertad individual y de la autonomía colectiva. Libertad y autonomía basadas en la calidad de vida, en la innovación y en la corresponsabilidad como juego equilibrado entre la competitividad y la colaboración y entre la apertura a otros valores y la integración de los mismos en la propia institución. En una palabra, se trata de la promoción de la tolerancia, del respeto, de la pluralidad, de la trasparencia y de la honestidad, valores todos ellos que deben conformar la identidad de cada una de las instituciones, empresas, partidos políticos o conjuntos sociales.

Ante la dinámica general de los políticos que buscan el borreguismo social, que niegan la existencia de identidades y que sólo nos quieren considerar como números que votamos en las elecciones, la mayoría de edad cívica invita a que se asuman con naturalidad las identidades ciudadanas, folclóricas, religiosas y políticas desde las sociedades de barrio hasta las nacionalidades, sabiendo que es más maduro el ciudadano que sabe compaginar activamente el mayor número de participaciones en diferentes identidades.

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo