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Raimundo Fitero

Previsible

Aunque sea una frase hecha, la verdad es que era más que previsible que sucediera. Si lo único que vale es la audiencia, es decir la cantidad de telespectadores que se tiene, los programas de testimonios de personas más o menos anónimas acaban forzando las situaciones, y ahora han llegado a un caso lamentable: el mismo individuo que fue invitado por el programa «El Diario de Patricia», para que en un acto, que ahora se demuestra más que imprudente, solicitar la vuelta con la mujer que, por decisión judicial, tenía decretado el alejamiento por las denuncias presentadas y por su deseo de separarse, ha acabado asesinándola.

Posiblemente se deba considerar como un caso más de esta triste, lacerante y oscura historia de las agresiones de género, pero la intervención en un programa televisivo, solicitando de manera lacrimosa y sobreactuada la vuelta con la asesinada, le dota de un añadido de contrariedad, nos deja con las carnes abiertas, con el asco inundando nuestros alientos, porque es verdad, en este tipo de programas, como el mencionado, se está llegando muy lejos, demasiado lejos, se fuerza demasiado a los invitados, se les hace unas encerronas que solamente pretende mantener un nivel de morbosidad que les sirva para mantenerse en unos porcentajes de audiencias que asegure la continuidad del propio programa.

Ahora mismo ha sucedido un caso grave, e indudablemente no se le puede imputar al programa demasiadas más culpas que las justas; el asesino lo era desde el primer momento que le levantó una mano a su compañera, pero quizás sirva para que moderen este tipo de oferta televisiva las actividades de los guionistas tan tendentes a hacer del dolor ajeno un espectáculo. Quizás este repugnante suceso ayude a que reflexionen las cadenas, las productoras, los responsables de dirección, las presentadoras de estos programas y se llegue a un punto cero. Recuérdese que una de las primeras víctimas que tuvo repercusión social había aparecido en otro programa de televisión anunciando su voluntad de separarse. Al llegar a casa le esperaba el criminal y la mató. La televisión puede servir de detonante.

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