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Iñaki Lekuona Periodista

Coger el tren

Es el año de Oteiza, posiblemente muy a pesar suyo. Este disidente del protocolo de la vida dijo en cierta ocasión que cuando vemos una luz al fondo del túnel, la esperanza de la salida puede truncarse por un tren que viene de frente. Toda una premonición del año que acabamos de dejar tras la esquina de unas navidades cada vez más insultantes.

Nos quedamos sin coger el tren. Nos arrolló por encima casi sin enterarnos, o tendría que decir sin querer enterarnos porque señales ya había en el cielo de que el niño prometido no iba a nacer, y sin él ni oro ni incienso ni mirra.

Nos hemos quedado como estábamos, aunque esto sea decir demasiado teniendo en cuenta los muertos que se han quedado en el camino, el último, la última, en una carretera camino a Teruel. Y llegarán más. Esa es la terrible premonición que se nos adelanta para este año nuevo, tan predecible como tantos otros ya viejos, tan gastado como los anteriores. Y llegarán porque estas muertes no son en ningún caso fatídicas, sino consecuencias de dos estrategias que se entrelazan desde hace años y que no hemos sabido desenredar.

Nos hemos quedado como estábamos, decía, pero tampoco es cierto para muchos que acaban de adentrarse en el túnel de 2008 desde la celda de una prisión en la que se encuentran por un delito que no han cometido, simplemente porque no hay delito que cometer por mucho que nos lo presenten con el lazo de la justicia, porque es difícil encontrar la justicia en el laberinto político de la Audiencia Nacional. Un tribunal que pronto sentenciará nuevas penas de cárcel que a la postre nos condenan a todos, a todo un país por querer serlo.

Nos quedamos sin coger el tren, pero no podemos pararnos a ver si centellea otra luz al final del túnel. ¿Por qué esperar? Este agujero, por muy profundo que sea, por muy angosto que nos parezca, ha de tener una salida natural. Y si no la tiene, tendrá que ser artificial, que no artificiosa, habrá que dejar vía libre para que pase otro tren. Y si no viene, habrá que construir uno, que ganas no nos faltan, aunque en ocasiones nos creamos abatidos desde que nos arrolló la última locomotora. Para este 2008, salud y república. Y luces para movernos en el túnel. Y coraje, mucho más coraje. Al final, cogeremos ese tren.

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