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EL DIARIO VASCO Josu Jon Imaz 2008/2/12

Cuando el monte se quema, algo suyo se quema ... señor conde

(...) Hoy en día la fortaleza de una empresa energética pasa fundamentalmente por dos vectores. Por un lado, el acceso a fuentes de suministro -de gas, fundamentalmente-, que en una medida importante tiene vinculación con la geoestrategia y la red internacional del país en el que se ubica la empresa; y, por otro, su capacidad tecnológica, principalmente en relación con las energías renovables. Evidentemente un óptimo mix de generación, una capacidad financiera y de gestión, y una buena adecuación al mercado son necesarios. El que exista en España una empresa con esa fortaleza no es una simple cuestión de mercado. Tiene que ver con el posicionamiento futuro de la economía española, con su capacidad de traccionar un tejido industrial competitivo y con el propio desarrollo tecnológico del país.

«Déjeselo a los mercados», me dirá alguno. Pues no. Si pago un plus en cada recibo de la luz para que se promueva la energía renovable y todo ello ha traído como consecuencia que este sector haya tenido un desarrollo clave para nuestro tejido industrial, tengo derecho a opinar sobre el futuro de ese sector. Es una cuestión de ciudadanía democrática. Y hoy el Estado español acoge a la empresa líder en el mundo en instalaciones renovables en servicio. Se llama Iberdrola. Es el principal accionista de Gamesa que, a su vez, fabrica uno de cada seis aerogeneradores que se producen en el mundo.

Nuestro tejido industrial está plagado de líderes mundiales en fabricación de componentes para el sector eólico y tiene al día de hoy condiciones tecnológicas y empresariales para liderar el futuro de la energía solar a nivel mundial, sobre todo en el campo de la solar térmica. Si me apuran y me preguntan en qué será o debería ser líder la economía española de aquí a quince años, me atrevo a jugármela y a responder: en turismo y en energía renovable.

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