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elecciones en estado de excepción

España una y los malnacidos

La perversión de la realidad está llegando a un punto en el que los agredidos son presentados como agresores y los «invasores» como víctimas de la irracionalidad abertzale.

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Análisis | Iñaki IRIONDO

La Falange anuncia que «seguimos luchando y volvemos a San Sebastián» a defender que «la unidad de España es sagrada» frente a los «malnacidos independentistas», y todo hace prever que la Ertzaintza volverá a protegerlos, como el lunes lo hizo con quienes ocuparon Lizartza para pegar carteles del PP, avanzadilla de quienes ayer volvieron para llenar el pueblo de pintadas de «Viva España».

Todo grupo, partido o asociación debe tener derecho a expresarse libremente, pero más cuestionable es que pueda organizar una «invasión exterior» y lo haga, además, insultando a una buena parte de la población que pretenden ocupar y que se declara abiertamente independentista.

Falange Española ha organizado para el sábado un acto electoral del Frente Español en Donostia, y lo presenta afirmando que «acudiremos allí donde la unidad de España es constantemente atacada e insultada por los separatistas», a lo que añade que «ni qué decir tiene que unos cuantos malnacidos independentistas, sean vascos, catalanes o gallegos, no conseguirán jamás la tan cacareada secesión». Anuncian que «seguiremos luchando y volvemos a San Sebastián», porque «siempre estaremos allí donde España nos necesite». Y concluyen: «Sólo hay una verdad, la unidad de España es sagrada. Sólo hay una nación, España».

Ante una soflama de estas características, la izquierda abertzale ha convocado una concentración en la zona para evitar que sea ocupada por quienes tan poco respeto demuestran por la tierra que van a pisar. En algún diario digital ya se avanzaba ayer que «la Ertzaintza ha tomado nota» y se recordaba la actuación de la Policía autonómica el 12 de octubre. Y la experiencia indica que quienes acabarán siendo disueltos a pelo- tazos serán los donostiarras «independentistas malnacidos» que defienden su ciudad de quienes se reclaman herederos de aquellos que ya la ocuparon a sangre y fuego el 13 de setiembre de 1936.

La perversión de la realidad está llegando a un punto en el que los agredidos son presentados como agresores y los «invasores», como víctimas de la irracionalidad abertzale.

Basta ver lo que está ocurriendo en Lizartza, cuya alcaldesa, apoyada por apenas 27 votos y repudiada expresamente por 402 de las 500 personas censadas, es presentada en los medios españoles como una heroína nacional, como una nueva Agustina de Aragón. A media tarde del pasado lunes -según han denunciado los vecinos- la Ertzaintza, con seis furgonetas y agentes uniformados y de paisano, tomó la pequeña localidad guipuzcoana para que varias personas pegaran carteles electorales del PP y taparan o arrancaran los que llamaban a la abstención. Aquello no fue sino la avanzadilla de lo ocurrido ayer, cuando Lizartza amaneció llena de pintadas de «Viva España» y otras de apoyo a «Doña Regina».

Las voces que con tanta prontitud y diligencia convierten en motivo de escándalo y condena hasta una pintada con rotulador en un portal no encontraron ayer ni tiempo ni lugar para denunciar lo ocurrido en Lizartza. Tal vez por ser un pueblucho de malnacidos, según la terminología de Falange, no muy lejana de la empleada por quienes tiraron de spray durante la madrugada, ni -en el fondo- de la de los intrépidos reporteros que en los últimos meses han hecho retratos con brocha gorda de esta localidad, presentándola como una ciudad sin ley del viejo Oeste en vías de civilizar por la mano firme del PP.

El maniqueísmo menos reflexivo se ha impuesto en todo lo que tiene que ver con Euskal Herria. En precampaña se ha prestado mucha atención a diversas protestas estudiantiles o laborales realizadas ante candidatos. Especial relevancia tuvieron la concentración de estudiantes ante María San Gil en la Universidad de Pontevedra, presentada mayoritariamente como un «intento de agresión» a la líder del PP, aunque en las imágenes se vea a sus escoltas y a los guardias de seguridad abriéndose paso a golpes. También Rosa Díez, cabeza de lista por Madrid de UPD, fue boicoteada en la Universidad Complutense, y hasta Mariano Rajoy le llamó por teléfono para solidarizarse con ella.

Pero tanto María San Gil como Rosa Díez saben lo que es boicotear un acto. En las imágenes de esta página puede verse su actitud en un pleno municipal en Andoain, tras la muerte de Joseba Pagazaurtundua. Allí insultaron al alcalde y los concejales de Euskal Herritarrok y clamaron contra los máximos dirigentes del PNV. Lo hicieron a conciencia y sin disimulo alguno. Sus imágenes llenaron los informativos sin ningún comentario de reproche ni que afeara su conducta.

Hay que precisar que ese tipo de actuaciones en un pleno municipal, si son protagonizadas por personas que puedan ser identificadas como simpatizantes de la izquierda abertzale, están expresamente tipificadas en el artículo 577 del Código Penal, dentro del apartado de delitos del terrorismo, y castigadas con cárcel por «subvertir la sagrada unidad de España», perdón, por «subvertir el orden constitucional».

Las convocatorias y el lenguaje de la Falange son la expresión exacerbada de un estado de opinión creado por «pactos antiterroristas» y de Ajuria Enea tras años de nacionalismo español instalado en la cúspide de todos los poderes. Todo vale contra el independentismo (malnacido), hasta borrarlo de las urnas y luego del mapa.

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