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Leve condena por apropiarse de la hija de desaparecidos en Argentina

Un tribunal de Argentina condenó a siete y ocho años de cárcel a un matrimonio acusado del robo de una bebé durante la dictadura. La Fiscalía pedía 25 años tanto para la pareja como para el militar retirado Enrique Berthier, que les entregó a la pequeña. María Eugenia Sampallo le fue arrebata a su madre de los brazos, mientras ésta estaba en cautiverio. A día de hoy, sigue desaparecida junto a su compañero. Ambos eran militantes comunistas.

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Un tribunal argentino rebajó a tan sólo ocho y siete años de cárcel, respectivamente, la condena al matrimonio formado por Osvaldo Rivas y María Cristina Gómez Pinto por apropiarse de María Eugenia Sampallo, a la que inscribieron con el nombre de María Eugenia Violeta Rivas y como hija propia. Su nueva fecha de nacimiento, a partir de ese momento, sería el 8 de mayo de 1978.

Las condenas fueron impuestas bajo cargos de «retención y ocultamiento» de una menor de diez años. Rivas fue sentenciado a ocho años, mientras que su esposa a siete. Enrique Berthier, el militar retirado que les entregó a la niña, fue condenado a diez años de prisión.

Ninguno de los tres imputados quiso hablar antes de conocer el veredicto del Tribunal Federal cinco, circunstancia que lamentó el abogado querellante, Tomás Ojea. «Lamentamos que no hayan aprovechado la oportunidad que les dio el tribunal de arrepentirse y, sobre todo, de brindar información acerca del origen de María Eugenia», dijo.

La Fiscalía pedía 25 años de cárcel por «apropiación ilegal». En su alegato ante el Tribunal Oral Federal 5, el fiscal Félix Croux también pidió otros 25 años de reclusión para el militar retirado Enrique Berthier, que arrancó de los brazos de su madre a María Eugenia Sampallo y se la entregó al matrimonio, ahora condenado.

Croux reclamó la máxima pena que contemplan las leyes argentinas por considerar probado que todos estos delitos se consumaron con el pleno conocimiento de sus autores y con el fin expreso de alejar a la pequeña de su familia.

El proceso judicial se inició en 2001, cuando comprobó su verdadera identidad gracias a unos análisis genéticos que demostraron que era hija del matrimonio Sampallo-Barragán y que, en realidad, había nacido en febrero de 1978, dos años después del secuestro de sus padres. El matrimonio le reveló que no eran sus progenitores cuando tenía siete años, pero le ocultaron su origen.

El 22 de abril de 2004, ella misma se personó como querellante. Sus captores, junto al militar que les hizo entrega de la bebé, llegaron incluso a presentar contra ella una demanda por «falso testimonio» y por la que resultó imputada.

Las maniobras dilatorias de la defensa lograron retrasar el proceso siete años. Durante el juicio, la joven relató los malos tratos a los que fue sometida durante su infancia, sobre todo, por parte de Gómez Pinto. El lunes pidió que los delitos por los que estaban siendo juzgados fueran considerados de «lesa humanidad».

Las Abuelas de la Plaza de Mayo calculan que unos 500 hijos de desaparecidos fueron robados a sus padres, de los cuales 88 han recuperado su verdadera identidad.

primer juicio

Este es primer juicio en Argentina en el que una hija de desaparecidos se querella contra las personas que se apropiaron de ella. El proceso judicial se inició hace siete años.

Sampallo: «Aporten aunque sea el más mínimo dato»

En una comparecencia realizada el 31 de marzo junto a la Abuelas de Plaza de Mayo, María Eugenia Sampallo dejó claro que quienes le secuestraron no son ni «padres adoptivos», «padres del corazón» o, simplemente, «padres», términos que con frecuencia utilizan los medios de comunicación. «Yo fui inscrita como hija propia de estas personas, con una fecha de nacimiento falsa, un lugar de nacimiento falso, padres falsos, a partir de un certificado de nacimiento falso. Sería lamentable que, después de esta clara explicación, se siguiera sosteniendo públicamente el término de `padres adoptivos'», subrayó. También se preguntó cómo si una persona que «robó a un recién nacido, que le ocultó que fue robado, que tal vez secuestró o torturó a su padres, que le mintió siempre respecto de sus orígenes y que, más frecuentemente de lo que cada uno quiere pensar, lo maltrató, humilló y engañó, puede saber y sentir qué es el amor filial». Desde su experiencia fue tajante al afirmar que «el vínculo con este tipo de personas queda determinado por la crueldad y la perversión. Padres fueron aquellos de los que nos separaron a la fuerza».

Antes de finalizar, Sampallo pidió a todos aquellos que tengan información o sospechen de un caso similar «aporten aunque sea el más mínimo dato; de nada sirve saber y callar». GARA

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