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El acuerdo común que pide es tener las manos libres

Habrá que ver si la estrategia de palo del Gobierno y la incierta corrección de rumbo del PP permiten a ambos un acercamiento.

Iñaki IRIONDO | Corresponsal político

Después de una legislatura en la que la denominada «política antiterrorista» ha sido uno de los ejes principales de la acción de gobierno de Rodríguez Zapatero y motivo fundamental de enfrentamiento con el PP y sus tentáculos mediáticos y sociales, la cuestión prácticamente desapareció del debate de ayer. El candidato le dedicó menos del 3% de su discurso a la materia y tampoco Mariano Rajoy abundó en el tema.

Tras escuchar las intervenciones de Zapatero ayer, sólo cabe concluir que no hay novedades sustanciales en este ámbito. Lo que el Gobierno desea es que el resto de partidos le reconozcan que es quien dirige la estrategia en esta materia y la apoyen, si no incondicionalmente, al menos sí sin criticarla en público. En la pasada legislatura el PSOE consiguió que todos los grupos salvo el PP entraran en ese pacto implícito y en esta ocasión Zapatero ha tendido la mano personalmente a Mariano Rajoy. Habrá que ver si la estrategia gubernamental -basada en esta fase en golpear sin tregua a la izquierda independentista hasta que admita entrar en una negociación a la baja dentro de los estrictos límites del «marco constitucional»-, y la corrección de rumbo del PP -todavía incierta- permite algún entendimiento o un cese de hostilidades entre Zapatero y Rajoy en esta materia. Dependiendo de los términos en los que se produzca, un Pacto de Estado entre PSOE y PP podría no ser contraproducente.

Por lo demás, el examen de los términos textuales con los que Zapatero abordó la cuestión del «terrorismo» y sin querer hacer psicoanálisis, evidencia una disociación entre el discurso oficial de que no hay nada de político en ETA y la conciencia común, también la del candidato-presidente, de que esta es un cuestión política. Eso aflora cuando se habla de la defensa del «marco constitucional» y dice que «no cabe el recurso a la coacción y al crimen para defender ninguna idea ni ninguna identidad», de lo que se deduce que el recurso a la violencia de ETA es para defender alguna idea. Y la propaganda de que es posible acabar policialmente con ETA se autodestruye cuando se admite que es la propia organización armada quien debe decidir poner fin a sus actividades.

Rodríguez Zapatero dejó claro ayer que no quiere que esta materia esté en el centro del debate político, donde situará por ahora la economía. Pero quienes lo conocen dicen que es una de sus obsesiones personales y que no cejará en su empeño. Y de momento tocan palos. Ya llegarán las zanahorias.

 
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