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Susan Rosenthal 2008/5/11

Mujeres traicionadas

sin permiso

(Traducción: Daniel Raventós)

La semana antes del Día de la Madre, una cansada mujer joven me dice que tiene que ser una mala madre porque se siente tan desesperada. Le aseguro que no debe culparse. Ha sido traicionada. El capitalismo celebra las madres, en teoría, y las priva de muchas cosas, en la práctica.

En todo el mundo, la malnutrición y la falta de atención médica causa la muerte de más de tres millones de neonatos al año. Cada año, más de medio millón de mujeres mueren embarazadas o en el parto, y millones más resultan lisiadas.

La pobreza y la desigualdad causan la mayor parte de las muertes de estas madres. En el año 2000, el número de muertes maternales por cada 100.000 mujeres fue de 2 en Suecia, 17 en los Estados Unidos, 330 en Asia y 920 en el África subsahariana. Si una nación puede reducir la muerte maternal al índice de 2 por 100.000 mujeres, entonces éste debería ser el nivel en todas partes.

En los Estados Unidos, las madres tienen escaso apoyo si alguno. La llegada de una criatura vuelve la vida patas arriba. Muchas horas dando el pecho o el biberón por la noche dejan exhaustos a los padres que deben trabajar al día siguiente. Por mucho que se hable sobre los «valores familiares», los estadounidenses no tienen derechos de permisos parentales pagados. (...)

Cada niño es un regalo a la humanidad. Pero la falta de apoyo hace que los años de criar a los hijos sean los más estresantes para hombres y mujeres. Los padres de ambos sexos sufren más depresión que los que no son padres. Esta es la cruel realidad detrás de la celebración del Día de la Madre.

Hablar no cuesta nada. Los padres y los niños tienen el derecho a un apoyo social real. Postales y flores, no bastan.

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