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Activistas trans destacan la importancia de hablar en primera persona

Lo que une a la Guerrilla Travolaka no es una identidad, sino unos objetivos de lucha, una continua reivindicación política. Visibiliza otras formas de ser transexual, de vivir el cuerpo y la sexualidad. Tres de estos activistas jóvenes han venido desde los Països Catalans a Euskal Herria invitados por EHGAM.

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Maider IANTZI

Las charlas de Donostia y Bilbo han ido muy bien. Han tenido muy buena acogida», comentaba Marina Collell desde el tren que le llevaba de vuelta a su pueblo. Ha venido junto a otros dos activistas de la Guerrilla Travolaka, Erik Huma y Miguel Misse, para exponer sus demandas y críticas de la situación actual, sobre todo desde el punto de vista de la siquiatría. La transexualidad se considera una patología siquiátrica, y estos jóvenes critican este hecho, al tiempo que piden que sea retirado de los catálogos internacionales de enfermedades, al igual que se hizo con la homosexualidad. Muestran también los peros de la Ley de Identidad de Género, que se aprobó en el Estado español hace escasamente un año. Según explica Collell, uno de los requisitos que pide esta ley para que alguien pueda cambiarse de nombre en los documentos oficiales es tener un certificado de trastorno de identidad transexual, modificar su cuerpo y seguir un tratamiento hormonal durante por lo menos dos años.

Cuenta que las asociaciones trans que hay en el Estado español se dedican mayoritariamente al asistencialismo, a prestar ayuda y apoyo a las personas que lo necesitan, lo cual le parece absolutamente necesario, y alaba que hagan eso. Pero su grupo no es así. No deja el asistencialismo de lado, pero sus objetivos son políticos. Además, otra de las radicales diferencias con otros grupos del movimiento gay, lésbico o trans es que la mayoría son identitarios, y la Guerrilla Travolaka no. También es una asociación muy reciente, con activistas muy jóvenes que, sin embargo, muchos llevan 7-8 años en activismo a pesar de tener veintipocos.

Misse añade la importancia de que los trans tengan su voz y se apoderen políticamente de lo que quieren decir, es decir, que no dejen que los siquiatras o médicos hablen en su lugar. Intentan ser críticos con cómo se habla de la gente trans y el poco espacio que se le da para poder decir las cosas. Por eso piensan que no es lo mismo que un médico diga que una persona tiene un trastorno mental a que una persona transexual diga que ha sido sometido a una terapia siquiátrica en contra de su voluntad, y que no es un enfermo. «Lo que tiene de especial es el apoderamiento de las personas trans de su propia identidad, hablar en primera persona», resume.

Visualizan una identidad que se resiste un poco a la normativa, y enseñan que todo esto está pasando, que ser transexual no es sólo una opción, que es un colectivo muy heterogéneo. Luchan contra esos estereotipos que permanecen en la comunidad trans de partida, porque piensan que tanto ellos, como médicos, medios de comunicación, gente que trabaja en el sistema educativo, todo el mundo puede hacer algo para no favorecer la versión estereotipada.

Hacen asambleas en las que trabajan la estrategia que quieren seguir, por ejemplo, para hablar con los médicos y siquiatras de Barcelona, y que ellos cuestionen cómo están trabajando. Buscan sicólogos y siquiatras críticos que quieran denunciar públicamente que el colectivo transexual «está sometido, siquiatrizado, patologizado». Establecen alianzas con gente de otros territorios y países para poder moverse, conocer sus realidades y estar conectados. Hay otra parte: «Si hay una agresión, cómo respondemos desde distintas ciudades; si hay una actuación de transfobia, cómo nos movemos. Es una red de información para protegernos», explica.

Misse recuerda que una acción importante fue la concentración del pasado 29 de junio delante del Departamento de Siquiatría del Hospital Clínico de Barcelona, que es donde tienen lugar la mayor parte de estos procesos de transiciones. Reivindicaron que diagnosticar la disforia de género es transfobia. «Fue muy simbólico, porque muchas personas que nos manifestamos habíamos sido pacientes de allí. Y por primera vez, íbamos a ese lugar a decir en primera persona que no estábamos de acuerdo con lo que pasaba en las consultas». La manifestación trans de Barcelona fue otra acción relevante. Fue la primera del Estado que reivindicó descatalogar el trastorno de identidad sexual y el derecho a la autonomía.

Cambiar la forma en que el Estado regula la información

Los objetivos de la Guerrilla Travolaka se pueden resumir en tres puntos. Miguel Misse indica que en lo que respecta a la sociedad, pretenden visibilizar al máximo la normatividad, la resistencia, otras formas de ser trans, y buscan, además, conectar con la gente trans, trabajar para que estas realidades salgan a la luz. Les parece importante trabajar en espacios alternativos a los que la gente pueda ir a pedir información a gente trans de primera mano, que las personas se sientan seguras y puedan conocer a otra gente. En el ámbito legislativo, quieren que la gente trans pueda modificar su nombre, desean una reforma de la ley de registro civil y del modo en que el Estado regula toda la información que tiene, qué visibilidad le da. Por último, buscan la manera de acceder a la sanidad pública sin tener que ser un colectivo patologizado, sin pasar por una terapia siquiátrica. Piden que se les deje decidir lo que quieren hacer con su cuerpo.

M. I.

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