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Aniversario del asalto al cuartel de moncada

Los cambios que llegan a Cuba, apegados a su realidad

En Cuba el verano modula los ritmos de la anunciada política de transformaciones. También del histórico 26 de Julio, fiesta nacional en la que se evoca anualmente el aniversario de los asaltos a Moncada y Carlos Manuel de Céspedes que, en 1953, marcaron el inicio de la insurgencia que acabó con la dictadura de Fulgencio Batista.

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José Miguel ARRUGAETA-Joseba MACÍAS

Si en estos últimos meses, el tiempo de los cambios ha estado sujeto a la particular cadencia insular, la llegada del fuerte calor establece ahora otro tipo de prioridades pensando más en las alternativas de ocio y entretenimiento de una población sumida el resto del año en las dificultades de la cotidianidad. Aumento de las ofertas y la calidad del turismo interior (la red de alojamientos en los espacios naturales del Archipiélago a precios realmente asequibles para la ciudadanía denominada «Campismo Popular»), nuevas ofertas gastronómicas en moneda nacional, amplia agenda de actividades culturales (conciertos gratuitos, exposiciones artísticas, ferias del libro, atracciones y espectáculos infantiles, etc), programación televisiva especial y la apertura del nuevo canal Multivisión, con una programación esencialmente internacional y 24 horas diarias de emisión (con la que la red de canales de TV se extiende ya a cinco de cobertura nacional y uno por provincia)... Todo ello desde la perspectiva institucional y la voluntad política de propiciar una diversidad de espacios accesibles para algo más de 11 millones de cubanos que, en estos meses, están de vacaciones, relajan sus actividades laborales o buscan, simplemente, alternativas en su tiempo libre para contrarrestar el calor y el estío veraniego.

Los cambios que van llegando

En la esfera de lo político, lo más reseñable ha sido la convocatoria de la primera sesión ordinaria, en la nueva legislatura, de la Asamblea Nacional del Poder Popular celebrada en los primeros días del mes de julio. Un repaso colectivo, con mirada crítica, a la situación del país en las distintas áreas productivas y sociales que culminaba, entre otras resoluciones, con la propuesta de una proposición de ley que establecerá de forma progresiva y gradual (2009-2015) la edad de jubilación de los hombres en 65 años y de las mujeres en 60; la puesta en marcha de una «medida de choque» que busca la reincorporación de docentes retirados para hacer frente a la seria carencia de un profesorado con experiencia en el sistema educativo, propiciando así el retorno voluntario de maestros jubilados a las tareas de enseñanza (decreto de ley número 260), trabajo por el que cobrarán su sueldo correspondiente como docentes en activo además de su prestación por jubilación; o el estudio de la eliminación de gratuidades indebidas y el exceso de subsidios desde la consideración, ya definitivamente consensuada, de que «igualdad no es igualitarismo».

Estas medidas, junto al inicio de las entregas en usufructo de lotes de tierra ociosa, de hasta 40 hectáreas, a personas dispuestas a cultivarla (decreto de ley número 259), tras un estudio individualizado a nivel local adaptando su aplicación a las características de tierras y cultivos, nos da una clara muestra de la voluntad transformadora del nuevo equipo dirigente de la Revolución, más allá de la abierta y muchas veces incomprensible lentitud en la aplicación de las mismas o el silencio con el que la mayoría de la prensa occidental oculta o menosprecia una política de cambios muy alejada de su «propuesta de transición democrática».

Un 26 en Santiago

A 55 años del mítico asalto al Cuartel Moncada, la importante ciudad oriental vuelve a ser escenario de un momento importante de la historia cubana. Raúl Castro, como máximo dirigente del Poder Ejecutivo y representante de la generación que hizo la Revolución (con apoyo expreso del Comandante en Jefe, Fidel Castro) vuelve a incidir en las ideas y reflexiones que guían la actual política oficial, cambio de mentalidades y prácticas. Con un estilo pragmático, una oratoria directa, corta y fácil de entender, Raúl da la innegable impresión de apegarse a la realidad cotidiana de la sociedad cubana.

Rodeado de amplios y cualificados equipos de trabajo en distintos ámbitos sociales, su discurso es un claro ejemplo del verdadero orden de prioridades de la dirección del país: Conseguir, en la medida de las posibilidades de una nación del Tercer Mundo con claras limitaciones y sometida a un bloqueo económico permanente desde hace ya cinco décadas, la mejora de vida integral de la población (económica, social y cultural) y la superación de los manifiestos desequilibrios internos en un país en el que «se trabaja poco», «se sigue propiciando el desvío de recursos» (empresas estatales, centros de consumo social como los comedores obreros, las escuelas o los hospitales, etc) o «falta una adecuada política de impuestos y contribuciones». Y todo ello, además, en una Revolución que sigue envejeciendo (con una prevista reducción de la mano de obra laboral en 700.000 personas para el 2015) y en el contexto de una grave crisis mundial que está, simplemente, anunciando su llegada.

Los milagros económicos y sociales no existen, en todo caso son procesos lentos donde el resultado siempre es fruto de la suma de voluntades y actitudes, por eso la insistencia del mensaje de Raúl Castro busca incidir en la idea de que sólo aumentando la productividad y trabajando se puede repartir más y alcanzar mejores niveles de vida.

¿En Cuba no pasa nada digno de reseña?

Pese al interesado silencio de buena parte de los medios de comunicación internacionales, en estos últimos meses (abril-julio de 2008) se han seguido sucediendo las noticias en el interior de la isla. Por ejemplo, el estudio y puesta en marcha de una nueva escala salarial, sin tope monetario, que relaciona directamente el ingreso con la productividad y la calidad, que previsiblemente debe tener en unos meses notables repercusiones en las esferas directamente ligadas a la producción (agricultura, industria, construcción...). También un amplio calendario de reuniones de las asambleas del Partido a nivel provincial marcadas por un fuerte sentido autocrítico y medidas correctoras, incluyendo la sustitución de importantes altos dirigentes (como los primeros secretarios de la Isla de la Juventud y de provincia La Habana). Junto a ello, habría que hablar del progresivo y cada vez mayor tono de crítica social en los medios de comunicación impresos y virtuales (más número de páginas y participación ciudadana en el periódico oficial «Granma», nuevas publicaciones en papel y en la red), en las distintas emisoras radiofónicas y en determinados programas televisivos (esencialmente de carácter humorístico) avalado además por el VIII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) concluido hace unas semanas. No ha sido el único. En abril tenía lugar el VII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), un encuentro fundamental para entender el verdadero pulso social del momento actual en un país donde, desde 1959, la cultura se ha convertido en un eje central en la vida y el pensamiento comunitario. Durante cuatro días y en un ambiente de intenso debate, intercambio de reflexiones, informes y ponencias, centenares de profesionales de la cultura de toda la República analizaban abiertamente y sin restricciones cuestiones tan interesantes y polémicas como la proyección nacional del arte y la literatura, la cultura y la economía, la cultura y el turismo, la política cultural o la arquitectura, la ciudad y la formación ética y estética del ciudadano.

Todo ello unido a los lentos pero claramente simbólicos cambios en la vida cotidiana a los que ya nos hemos referido en artículos anteriores (acceso a nuevos bienes de consumo, ajustes administrativos, notable mejoría del transporte urbano en La Habana lo que ya comienza a extenderse a otras ciudades del país, etc.), marcan hasta el momento el escenario general y el ritmo real de las transformaciones internas.

Santiago de Cuba rememora el inicio de la revolución

Raúl Castro presidió la máxima fiesta cubana, por primera vez como jefe de Estado titular y dos años después de que su hermano Fidel apareciera por última vez en público. Este año, los festejos se celebraron en Santiago de Cuba, donde miles de cubanos se congregaron para recordar el asalto al cuartel de Moncada y al de Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo. Veteranos de la Revolución escenificaron en ambas ciudades estos sucesos históricos. Los asaltantes ficticios, armados con lápices y flores, traspasaron los muros del cuartel de Moncada, actualmente el Centro Escolar 26 de Julio para dar vivas a la Revolución.

El acto central fue la intervención de Raúl Castro, prevista para las 19.00, hora cubana. En el lugar se colocaron grandes banderas y miles de sillas para acoger a unos 10.000 santiagueros. Santiago de Cuba se considera la «cuna de la revolución». GARA

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