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Raimundo Fitero

Esto no es fútbol

Aunque lo parezca, no quisiera en absoluto hablar de fútbol. Pero en medio de una crisis económica que nos está dejando hasta sin algunas rutas de avión, escuchar, ver, contemplar, analizar las cifras que se mueven en algunos estamentos futbolísticos nos pone en alerta. ¿Existe algún directivo de equipo de fútbol de las dos categorías superiores que no esté vinculados a la construcción, el capital o los partidos políticos hegemónicos de sus respectivos lugares de incidencia? Podríamos obviar esta pregunta, su respuesta y hasta calificarla de oportunista, pero si alguien tiene tiempo que siga las pistas y verá como con la burbuja inmobiliaria se puede ir pinchando la burbuja futbolística, que tanta vinculación tienen.

Dice la prensa que en el Valencia Club de Fútbol, apareció como salvador un tal Juan Villalonga, ¿recuerdan? Sí, claro que lo conocen, fue compañero de pupitre de José María Aznar, quien lo colocó al frente de Telefónica. ¿Ya han caído? Pues bien, después de amasar una fortuna fulgurante acabó mal por su contrato blindado, hizo más fortuna en otras empresas y de repente desembarca en el fútbol. Y lo hace en Valencia. Pero el gestor acaba mal con el propietario, y lo despiden y se lleva, ojo al dato, diez millones de euros de indemnización. Todo ello por apenas quince días de trabajo. Ahora asegura que volverá, pero comprando las acciones por cerca de ochenta millones de euros. Esto sí que es espíritu deportivo.

Las cifras que se barajan en los fichajes de los jugadores son escandalosas, pero a la vez de este trasiego de capitales y mercancías humanas, los clubes deben a los jugadores cerca de cuarenta millones de euros, por lo que se puede producir una huelga de futbolistas. La situación económica de muchos clubes es desastrosa, pero se aguanta, se tapa, se reciben inyecciones de dinero público camufladas de campañas o de simples pagos de derechos por retransmisión televisiva de los partidos. Todo un entramado que tiene visos de explotar. Los clubes salvados por las instituciones, es decir por nuestros impuestos. Esto no es fútbol es política de bajo nivel. Quien quiera fútbol que lo pague.

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