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Vela Iker Martínez y Xabier Fernández pueden ser oro, a expensas de la decisión de los jueces

El color de la medalla no importa ante una remontada espectacular

Los líderes de la modalidad, los daneses Jonas Warrer y Martin Kirketerp Ibsen, rompieron el mástil de su embarcación durante un entrenamiento y pidieron prestado el velero a los croatas, que no participaban, lo que provocó la reclamación de los guipuzcoanos

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Natxo MATXIN | IRUÑEA

Es más que probable que a la hora de leer esta crónica ya se haya decidido cuál es el color de la medalla que se colgarán del cuello Iker Martínez y Xabier Fernández. Oro o plata quedaron pendientes de confirmarse como el premio a los regatistas vascos tras su formidable final de campeonato.

Martínez y Fernández tuvieron que esperar hasta hoy para saber el resultado definitivo, ya que el jurado internacional de regatas decidió aplazar su veredicto sobre la posible descalificación del equipo danés en la lucha por las medallas de la clase 49er de vela. La dupla escandinava, que hasta ese momento encabezaba la clasificación y que, salvo descalabro, tenía asegurada el título olímpico, se vio obligada a tomar prestado el barco croata.

Los problemas para la pareja formada por Jonas Warren y Martin Ibsen llegaron en los preámbulos del comienzo de la última y decisiva regata. Minutos antes del inicio de ésta, los escandinavos se estaban entrenando y fue en ese momento cuando rompieron el mástil de su embarcación.

En vista de que no les iba a dar tiempo a cambiar el palo antes de que se diera el pistoletazo de salida, optaron por negociar con la delegación croata, que no se había clasificado, la cesión del velero balcánico, algo que no estaría muy claro que fuera acorde con la reglamentación existente. Ello provocó la queja de Martínez y Fernández, que presentaron formalmente una reclamación ante el Comité quien, a su vez, trasladó la denuncia al jurado internacional.

Informe no vinculante

Según la explicación oficial de éste último, el retraso en la decisión final se produjo por la intención de solicitar a los medidores de la clase 49er un certificado en el que debían valorar la idoneidad del cambio de barco realizado por los daneses. El informe no tiene carácter vinculante, pero puede muy bien servir para justificar lo que adopten.

No fue la única reclamación del día. El equipo estadounidense también solicitó la anulación de la prueba, al entender que la salida se había dado fuera del tiempo límite marcado por el reglamento. Una reclamación que fue desestimada después de haber oído al resto de participantes.

La jornada, que ya había amanecido movidita, tenía toda la pinta de continuar por los mismos derroteros. Todos pudieron palpar en sus propias carnes la temperatura del agua, pues no hubo ni una sola de las embarcaciones que no sufriera un vuelco. La regata se convirtió casi en una lucha por llegar sanos y salvos al final, en la que los vascos salieron bastante mal parados en su comienzo.

No arrancaron bien, lo que les obligó a forzar la marcha en la primera ceñida. El esfuerzo les costó caro, pues una racha de viento, unido a una ola corta, volcó su embarcación. No tardaron en enderezarla, pero marchaban últimos. Por delante, Italia, Australia, Dinamarca e Inglaterra seguían su marcha hacia lo que parecía iba a ser el reparto de medallas.

Reguero de vuelcos

En la primera empopada, nuevo varapalo para los vascos, que volvieron a volcar en lo que ya parecía la despedida definitiva del podio. No se dieron por vencidos, volvieron a enderezar su barco y siguieron hacia adelante en pos de lo que apuntaba a sueño imposible.

Cuando todo parecía perdido, empezaron los vuelcos del resto. Primero fueron los brasileños, que lo hicieron hasta en tres ocasiones, luego los alemanes. Nadie se salvaba del desastre, excepto los italianos hermanos Sibello, amén de los australianos Nico Delle Karth y Nikolaus Resch, líderes en ese momento.

Por detrás, los vascos apretaron los dientes, forzaron todo lo que pudieron y comenzaron a remontar posiciones apro- vechando el desastre en el que se había convertido la flota. A pocos metros de la llegada y cuando los italianos ya acariciaban la medalla, llegó su particular vía crucis al volcar, algo de lo que hasta ese momento se habían salvado, y ver cómo Australia les pasaba hacia el triunfo.

Éstos tampoco se salvaron y poco más adelante dieron con todo en el agua, mientras que Iker y Xabier les pasaban como una exhalación hacia la línea final, donde entraron en medio de una cortina de agua para darle más lustre épico a su hazaña.

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