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Más allá del convulso escenario caucásico

Dabid LAZKANOITURBURU

El ascenso al poder -aupado por una entusiasta Occidente- y la trayectoria presidencial del georgiano Mijail Saakashvili muestran que tiene tanto peligro como Putin. Le faltan armas.

Pero tampoco es tonto. Su ¿temeraria? agresión a Osetia del Sur le ha costado perder el control del único enclave abjaso en sus manos, la Garganta de Kodori, y ver cómo Rusia cuartea su territorio para mantener el control de zonas de interés estratégico para el Kremlin.

Toda una «victoria» que invita a no pocos a sospechar de una mano oscura que le habría dado un espaldarazo para, a la postre, dejarle en la estacada e indefenso ante el esperado zarpazo del Oso ruso.

No falta quien ha recordado la versión que circuló en su día tras la Guerra del Golfo de 1991 según la cuál EEUU habría animado, siquiera de modo implícito, al Irak de Saddam Hussein a invadir Kuwait.

El objetivo, en este caso, habría sido obviamente otro. ¿Probar acaso el nervio de Rusia ante semejante provocación aprovechando el relevo en el Kremlin? Al nuevo presidente ruso, Dimitri Medvedev, no le ha temblado el pulso. Menos con el «carnicero de Chechenia» a su lado.

Junto a Rusia, el triunfador tras la crisis parece el partido republicano de Bush y su candidato, John McCain, que está consiguiendo horadar con su agresividad contra Moscú el «fenómeno Obama».

Georgia sería para EEUU lo que Osetia del Sur y Abjasia para Rusia. Un peón, situado, eso sí, en una parte estratégica del tablero. ¿Busca EEUU volver a demonizar al viejo enemigo ruso tras el fiasco de su guerra mundial al terror en Irak y en Afganistán? El tiempo lo dirá, aunque la historia nos ha dado ya sobradas muestras de la temeridad de Rusia para aceptar este tipo de órdagos. Cuestión de empatía.

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