GARA > Idatzia > > Eguneko gaiak

El polvorín del Cáucaso

El Parlamento ruso insta a reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia

La crisis georgiana amenaza con un choque de trenes entre Rusia y EEUU. Tras años de decaimiento, el Kremlin no está dispuesto a dejarse avasallar, menos en «su» Cáucaso. Además de amagar con ampliar sus fronteras hacia el sur de la región, ha advertido de que podría romper con la OTAN y retirar su candidatura a la OMC. EEUU, por su parte, ha puesto sobre la mesa sus actuales relaciones con Moscú y prepara un viaje a Georgia del vicepresidente, Dick Cheney.

p006_f01_250x156.jpg

GARA | MOSCÚ

El Parlamento ruso se pronunció ayer por el reconocimiento de la independencia de los territorios de Abjasia y Osetia del Sur. El Consejo de la Federación (Senado) y la Duma (Congreso) votaron por unanimidad una declaración que apela al Kremlin a reconocer a ambas entidades, situadas dentro de las fronteras de Georgia.

El presidente de la Cámara Alta, Sergei Mironov, aseguró sin pestañear que «Rusia ha respetado durante más de 15 años la integridad territorial de Georgia. Tras la agresión a Osetia del Sur, nada será lo mismo», añadió. Invitados de honor, el líder abjaso, Sergei Bagapch, insistió en que «ni Abjasia ni Osetia del Sur vivirán nunca más bajo el mismo Estado que Georgia».

Su homólogo suroseta, Eduard Kokoiti, calificó a su capital, Tsjinvali, como «la Stalingrado caucásica», en alusión a la batalla de Stalingrado (hoy Volgogrado) entre 1942 y 1943.

Ambos territorios son independientes de facto desde las crisis armadas surgidas tras la caída de la URSS y están bajo la égida rusa. Los osetos, tanto del norte como del sur, han sido históricamente una de las quintacolumnas de Rusia en el Cáucaso. Moscú apoyó entre bambalinas la revuelta de la población abjasa, mayoritariamente musulmana, contra el nuevo poder georgiano surgido de las cenizas soviéticas.

La decisión del Parlamento ruso se inscribe de lleno en la pugna diplomática entre Moscú y Occidente.

Los analistas auguran que, en cualquier caso, Moscú se tentará la ropa antes de reconocer la independencia de estos enclaves. La cerrazón de Moscú sobre Kosovo estaba basada en su pavor a exacerbar las ansias independentistas en el seno de la Federación, como en el caso de Chechenia. Está más interesado en mantener una situación nada clara (en ambos territorios) que les permita intervenir cuando les convenga.

«Rusia no puede esperar el apoyo de muchos países si reconoce sus independencias. Por su parte, Occidente no tiene medios de presión eficaces contra Moscú. Lo más probable es que el conflicto vuelva a quedar congelado y que, a largo plazo, se precise de un acuerdo entre los miembros del Consejo de Seguridad en el marco de una negociación más global para hallar una solución», señala Bruno Coppieters, profesor de la universidad flamenca VUB.

El fantasma de la absorción

Un eventual reconocimiento podría, en cambio, ser la condición necesaria y la antesala para una absorción de ambos territorios, que dependen ya económica y políticamente de Moscú.

La Ley federal «Sobre el procedimiento de adhesión y de la formación de un nuevo sujeto en el seno de la Federación rusa», en vigor desde 2001, estipula que «un Estado extranjero o una parte puede entrar en la Federación rusa tras un acuerdo mutuo entre Rusia y este Estado». El reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur serviría para sortear a Georgia.

No obstante, Boris Strachun, experto en Derecho Constitucional de Rusia, no cree que Moscú se atreva a dar semejante paso «porque generaría la hostilidad de la opinión pública mundial y tendría consecuencias políticas serias».

Por contra, el también experto en Derecho Constitucional ruso Suren Avakian insiste en que la cuestión de Kosovo «ha roto todos los diques y Rusia no tiene nada que temer».

Son muchos en Rusia y en los países renuentes a reconocer la independencia de Kosovo los que insisten en establecer un paralelismo matemático entre lo ocurrido en el nuevo país balcánico y en el Cáucaso.

Obvian el hecho de que lo que ha pasado estos días es que ha sido un Estado (Georgia) el que ha intervenido militarmente contra un enclave irredento en nombre de su «integridad territorial». En este sentido, Rusia justifica su contraofensiva en la similar operación militar lanzada por Occidente en 1999 contra Serbia tras su ofensiva general contra la población kosovar.

Sobre el terreno, una eventual adhesión satisfaría a los osetos -Tshjinvali fue ayer escenario de manifestaciones de alegría-, que así podrían unirse a sus hermanos de Osetia del Norte, república norcaucásica enclavada en la Federación rusa. No estaría tan claro en el caso de Abjasia, más allá de alianzas coyunturales y de su dependencia económica respecto a Rusia.

Palanca ante la OTAN

Pero, sin duda, el argumento de mayor peso a favor de que Rusia mantenga el actual statu quo es que esta indefinición mantendría cerradas las puertas de la OTAN a Georgia. Así, los expertos aseguran que Moscú «prefiere que sigan en un estatus indefinido» y avanzan que, lo más que podrían lograr los dos territorios, es un estatus no definido, como Taiwán.

Sergei Markov, diputado pro-Kremlin, confirmó esta idea al apuntar que el reconocimiento de ambos territorios «no es el único escenario» previsto por Moscú para «garantizar la seguridad de sus poblaciones» y priorizar la negociación.

Más advertencias

En esta coyuntura de amenazas, el presidente ruso, Dimitri Medvedev, advirtió de que Moscú estaría dispuesto a llegar a una ruptura con la OTAN

A instancias de EEUU, los 26 países aliados decidieron suspender las reuniones del foro OTAN-Rusia, creado en 2002, tras acusar al Kremlin de incumplir su compromiso de retirarse de Georgia.

Moscú reaccionó congelando su cooperación militar con la Alianza Atlántica y Medvedev amenazó ayer con llegar a las últimas consecuencias.

En paralelo, el ahora primer ministro ruso, Vladimir Putin, amenazó con retirar la candidatura rusa a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y denunció varios acuerdos impuestos a Moscú en las negociaciones. Es la respuesta del Kremlin a la amenaza estadounidense de bloquear la entrada de Rusia en la OMC.

En el capítulo de reacciones, el presidente de Georgia, Mijail Saakachvili, advirtió de que un eventual reconocimiento de los dos territorios supondría «un intento de modificar las fronteras de Europa por la fuerza de «consecuencias desastrosas».

Alemania instó al Kremlin a no seguir los pasos del Parlamento e Italia, por su parte, instó a Rusia a «una gran prudencia considerando lo delicado de la situación actual en la región».

El Departamento de Estado de Estados Unidos calificó de «inaceptable» la votación del Parlamento ruso sobre los dos enclaves, cuyo destino, advirtió «no depende de la decisión de un solo país».

TRANSDNIÉSTER

El presidente ruso, Dimitri Medvedev, anunció tras recibir a su homólogo moldavo, Vladimir Voronine, en Sochi, la apertura de negociaciones para solucionar la cuestión del enclave pro-ruso de Transdniéster, otro conflicto irresuelto tras la caída de la URSS.

La tensión vuelve a la frontera oseta

Tbilissi denunció que milicias surosetas habrían amenazado con una ofensiva en suelo georgiano desde el distrito de Ajalgori (Leningor), enclave de mayoría oseta que pasó a manos de Georgia tras la crisis que siguió a la caída de la Unión Soviética y recuperado estos días por Tshkinvali con la ayuda de la ofensiva rusa. 400 milicianos osetos y 16 blindados controlan el disputado distrito.

Por contra, Osetia del Sur acusó a Georgia de concentrar tropas y material pesado alrededor de este distrito, extremo negado por Tbilissi.

Tshkinvali denunció que tropas georgianas atacaron varias localidades osetas del distrito, forzando la huída de sus atemorizados habitantes. GARA

EEUU enseña los dientes y la UE muestra ya alguna grieta

La Casa Blanca advirtió de que está examinando el conjunto de sus relaciones con Rusia tras reiterar que Moscú no estaría respetando el alto el fuego.

El vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, visitará la semana próxima Georgia, viaje que incluirá a las vecinas Armenia y Azerbaiyán.

La víspera de su viaje arranca en Bruselas una cumbre extraordinaria convocada por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, en la que la UE volverá a jugarse su credibilidad y unidad.

Una credibilidad en entredicho habida cuenta del fracaso de Sarkozy en su mediación, al presentar un texto suficientemente ambiguo para que las dos partes se acusen recíprocamente de incumplimiento.

Polonia y los países bálticos, sostenidos por Suecia, abogan por un endurecimiento de la posición frente a Rusia y por suspender las negociaciones para un nuevo acuerdo de asociación con Moscú.

El resto de miembros se tientan la ropa y los grandes, Estado francés y Alemania, ya han negado que se vayan a debatir posibles sanciones a Rusia, incluida la supresión del régimen de visados. GARA

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo