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Las quinielas de candidatos para suceder a uriarte no cesan y presagian un otoño «caliente»

Se vislumbra un otoño «caliente» en la diócesis de Donostia y, por extensión, en sus hermanas de Bilbo y Gasteiz por el relevo de monseñor Uriarte. La sucesión de quinielas de candidatos y la omisión de otros desvela los oscuros intereses que se ocultan tras ella.

Agustín GOIKOETXEA

La batalla mediática desatada antes y después de la renuncia de Juan María Uriarte a la diócesis donostiarra no cesa ni en verano y atisba un otoño «caliente» en el seno de la Iglesia vasca. Son ya casi una docena los nombres de supuestos candidatos que se barajan en las quinielas, alimentadas desde puntos muy alejados de la realidad de la comunidad diocesana guipuzcoana, aunque también es significativo que desde esos foros se obvien otros nombres que pueden estar en la cartera de la Curia vaticana y son muy próximos al propio Benedicto XVI.

José Ignacio Munilla, obispo de Palencia; Miguel Asurmendi, prelado de Gasteiz; Xabier Larrañaga, profesor de la Universidad de Deusto; Carlos Ayerra, párroco de Zangoza; y Mikel Garciandia, profesor del Seminario de Iruñea, son tan sólo algunos de los nombres que más se repiten en las quinielas tan en boga a partir de esta semana en el ámbito futbolístico. A la vez que se tejen algunas teorías peregrinas sobre el futuro de algunas supuestas candidaturas en mente de la Nunciatura y de la Congregación vaticana para los Obispos, saltan otras que no hacen sino enmarañar una situación que pierde su tinte místico para mostrar oscuras luchas de poder poco gratificantes para los creyentes y la ciudadanía en general.

Entre los últimos capítulos de esta historia está el nombramiento por Roma del donostiarra José Ignacio Munilla como responsable de la XXIV Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011. El prelado conservador de Palencia, de 46 años, es desde hace unos meses uno de los encargados de Pastoral Juvenil en la Conferencia Episcopal Española (CEE) tras promoverle para el cargo el cardenal Antonio María Rouco Varela.

A pesar de las arengas que desde foros reaccionarios y la propia emisora que dirige su hermano Esteban -Radio María- lanzan para que el ex párroco de Zumarraga «reconquiste» la diócesis para los valores preconciliares, no parece que vaya a recalar en Donostia. Hay quien sitúa al prelado de la formación toledana en otros menesteres dentro de la Curia española.

En el rosario de aspirantes también se ha llegado a colocar a Juan Arrieta Ochoa de Chinchetru, sacerdote gasteiztarra del Opus Dei, de 57 años, que es desde mayo obispo de la sede histórica y simbólica de Civitate. Antes, en febrero de 2007, fue nombrado por Joseph Ratzinger secretario del Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia.

En la sucesión de nombres que se postulan, todos ellos de origen vasco y en su mayoría euskaldunes, han entrado en liza componentes de la orden de los Agustinos Recoletos. Las diferentes congregaciones que conforman la Iglesia católica parecen empeñadas en poner su «pica en Flandes» en el proceso de sucesión abierto, aunque su representación en la comunidad diocesana de Gipuzkoa sea testimonial. El objetivo declarado, contribuir al golpe de timón en la Iglesia vasca que temen los sectores católicos progresistas aunque sin estridencias que pasen factura a la ya maltrecha nómina de creyentes practicantes en Euskal Herria.

Búsqueda en la amazonía

Para ello, se busca en Brasil en las figuras del araiarra Jesús Moraza Ruiz de Azua, de 63 años, obispo de la prelatura de Labrea desde 1994. Allí, en plena Amazonia, lleva 33 años este fraile formado en el convento de Martzilla Otro nombre que ha saltado a la arena es el de José María Cizaurre Berdonces, prelado de Cametá -también en la selva- desde 2000, nacido en Valtierra hace 56 años. La terna «recoleta» la cierra el iruindarra José Luis Azcona, de 68 años, obispo de Marajó desde hace 21 años.

Es tal la obsesión de los sectores más reaccionarios y españolistas por tratar de condicionar a la jerarquía vaticana en la elección del futuro prelado de Donostia que se propone a tres obispos misioneros con el argumento de que Roma nunca ha nombrado a un fraile de los Agustinos Recoletos como titular de una diócesis en la Península Ibérica. Así, en la carrera alocada por imponer un candidato de origen vasco alejado de la realidad de Euskal Herria, se opta por personas que desconocen la situación de la diócesis y volcados durante varias décadas en su labor pastoral en la selva amazónica.

Otros nombres de aspirantes se suceden, buscando en última instancia situar a un prelado cercano a las tesis del cardenal madrileño y presidente de la CEE Rouco Varela. Es significativo que los mentores de estas candidaturas que se concatenan desde hace varios meses aludan a su perfil «moderado» y a la necesidad de «meter en cintura» al clero vasco. También llama la atención que no se hagan públicos otros rumores que proceden de Roma, lo que volvería a dar sentido a una máxima en el seno de la Iglesia católica en estas cuestiones: Aquellos que son citados como aspirantes a algún cargo en la jerarquía, acaban no siéndolo.

Entre los aspirantes «ocultos» se coloca a un sobrino del ya fallecido cardenal arzobispo de Madrid Ángel Suquía Goicoechea. Del familiar del monseñor zaldibiarra se destaca que es euskaldun y que cursó sus estudios de Teología en Alemania al lado del actual Papa, quien le conoce. Una baza a su favor es que su mentor ante la Santa Sede, Rouco Varela, fue aupado a lo más alto de la jerarquía católica española por el cardenal fallecido en julio de 2006 en Madrid, a quien siguió al frente de los arzobispados de Santiago de Compostela y Madrid.

Las similitudes en las carreras entre los cardenales de Villalba y Zaldibia son una constante, como puede ser ahora que el presidente de la CEE impulse la candidatura del sobrino de su mentor. No será algo nuevo, pues Antonio María Rouco ha estado detrás del nombramiento de su sobrino Alfonso Carrasco como prelado de Lugo.

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