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Raimundo Fitero

Lo relativo

Aunque Esperanza Aguirre declare solemnemente que se ha terminado el tiempo del relativismo, vayamos pensando, con el fundamentalismo exacerbado como base filosófica lastrante, que todo es relativo. Especialmente en la apreciación generalizada de la importancia de los acontecimientos que se suceden en el mundo que nos rodea o nos cerca, y su jerarquización informativa televisiva. ¿Qué es más importante para nuestro quehacer cotidiano presente y futuro, conocer en vivo y en directo los enfrentamientos televisivos entre los candidatos a la presidencia de EE.UU., o vivir entre cortes publicitarios la Super Bowl? No contesten todavía.

Todo es relativo, obviamente. Pero probablemente si de verdad estamos en un mundo globalizado, si las corrientes de aire en Wall Street provocan catarros en el Ibex, para los más preocupados les interesará mucho ver los recursos oratorios de la ex miss Alaska, o buscar los reflejos del tinte del cabello del segundo de Obama. Pero los intereses de aquí y de allí, es que estos asuntos se vivan de manera relativa como algo propio, peor que en cambio las carreras de coches o de motos se nos muestren como si formaran parte de nuestra propia virtualidad como seres humanos consumidores de televisión.

Probablemente los medios técnicos de los que disponemos para la comunicación instantánea entre diferentes partes del globo y la estratosfera, podrían ser utilizados para dotar de mayor calidad a este estado de cosas a las que se llama con sordina democracia, y, por ejemplo, que se retransmitieran todas y cada una de las sesiones de los múltiples parlamentos y otras instancias que dicen sirven para representarnos pero de las que solamente vemos extractos y selecciones muy sesgadas según el medio que las propague. Me dirán que las audiencias mandan y que hay desinterés generalizado por estos asuntos de lo público. Pero como todo es relativo, quién nos dice que a base de constancia, publicidad y mejores políticos no se convierten en espacios con gran audiencia. Y de ser así, hasta podría lucir los parlamentarios sin tapujos publicidad en sus vestimentas de las empresas que los patrocinan. Y todos contentos.

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